Los consumidores, cada uno de nosotros, nos hemos convertido en sujetos protagonistas del mercado. Los tiempos han cambiado. Y si antes éramos títeres subyugados a la publicidad y al instinto compulsivo, los actuales momentos de ajustes económicos nos han otorgado un papel principal. Desde mi campo de interés del hogar, siempre me ha parecido necesario comprar con criterio y compartir información doméstica. Hablar de cosas que están diariamente en nuestras vidas tiene interés. Las recetas, productos de limpieza o tiendas que te recomienda alguien de confianza tienen un valor añadido. Nos enriquece saber más sobre los productos que compramos, comemos o usamos en casa. La reciente retirada de algunos precocinados con carne da caballo -en lugar de ternera o buey, como se decía en el envase- nos alerta sobre la importancia de saber leer las etiquetas de lo que compramos. Ha nacido el prosumer (profesional+consumer). Así lo denominan un grupo de expertos, consultores de marcas especializados en entender los cambios de comportamiento del consumidor (www.labrand.es).

Labrand acaba de editar su informe anual. Os enuncio algunas de sus interesantes conclusiones:

– Compramos más marcas blancas y buscamos marcas con descuentos. Nos dirigimos a las ofertas y outelts de todo tipo.

– Aumentan las suscripciones a páginas de ofertas.

– Racionalizamos el gasto. Compramos realmente lo que nos hace falta y evitamos los excesos y los caprichos.

– Control del gasto. Eso hace que nos tiñamos en casa en lugar de ir a la peluquería o que reformemos una prenda de ropa para actualizarla en lugar de comprar una nueva.

– Crece el consumo compartido. Las parcelas para cultivar productos de la tierra es un ejemplo en auge.

– Aumenta lo artesanal. La costura y la cocina son dos mundos que se valoran más y por los que crece el interés.

– Los usuarios buscamos saber sobre lo que compramos. Nos da seguridad consumir, por ejemplo, leche o yogures de granjas de comarcas que conocemos.

– Buscamos lo auténtico, lo de verdad. Vuelven los platos tradicionales y los mercadillos vintage de muebles y vestidos.

Leo en el suplemento Es de La Vanguardia (2.03.2013) un reportaje que ahonda en estas ideas de consumo colaborativo (www.consumocolaborativo.com). Se apunta que las redes sociales han permitido vías alternativas a la forma de consumo de hace poco. Con la crisis se buscan fórmulas económicas más solidarias y menos individualistas. Aquí entra el intercambio de viviendas, los coches compartidos, el reciclaje de ropa, el cruce de libros, el uso alternado de juguetes o servicios…

Los expertos de Labrand concluyen su informe con optimismo. Este cambio de formas propiciado por la crisis impulsa nuevas maneras solidarias, creativas y respetuosas. Me parece interesante la reflexión porque nos ayuda a realizar con más criterio muchos gestos cotidianos como hacer la lista de la compra, decidir qué menús hacemos y con qué ingredientes, pensar unas vacaciones, usar de forma responsable el transporte, las energías….Saber sobre lo que estamos viviendo es una excelente herramienta para mejorar.

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