Detergente ArielSeguimos hablando del proceso de la ropa en nuestras casas. Una vez llenado el bombo de la lavadora con las prendas seleccionadas y escogido el programa, toca poner el jabón antes de accionar el botón de inicio. Así explicado parece todo muy rápido y sencillo. A ese instante le precede un proceso que se ha ido forjando con el tiempo fruto a veces del azar, la experiencia, la costumbre o también de cierta reflexión doméstica. Varias cuestiones: ¿Qué jabón utilizamos?, ¿usamos el mismo para la ropa blanca que para la ropa de color o las prendas delicadas?, ¿optamos por jabón líquido o en polvo?, ¿nos gusta medir la cantidad o ponemos siempre la misma medida?, ¿lo introducimos en la jabonera de la lavadora o dentro del bombo?, ¿somos fieles a una marca o cambiamos en función de las ofertas?…Las respuestas a estas preguntas conforman la manera de hacer en nuestras casas que finalmente resolvemos en un segundo accionando la tecla de puesta en marcha.

Cuando era pequeña el jabón de la lavadora se vendía en “tambor”, un cilindro de cartón con asa con unos cuantos kilos de detergente. Ese recipiente luego tenía diversas utilidades y yo lo recuerdo como contenedor de juguetes varios. El tambor de Colón hacía de forma poco glamourosa la función de las cajas de Ikea de la actualidad. Y conservaba siempre el olor a limpio del polvo del detergente. Desde hace más de una década se ha impuesto la opción de jabón líquido para la lavadora sin dejar de existir un pequeño reducto de marcas en polvo. La última incorporación, que no he utilizado, es la de unas cápsulas -hubo pastillas redondas de jabón polvo compacto- tipo las del lavavajillas. Aunque utilizo jabón líquido siempre he tenido la sensación de que el detergente en polvo es más eficaz.

La elección de una u otra marca no es una tontería. Creo sinceramente que hay unas mejores que otras. Si tuviera que destacar alguna diría que Ariel me parece muy buena para la ropa blanca y Wipp para la ropa de color. El hecho de utilizar siempre una marca -y también un determinado tipo de suavizante- le confiere a nuestra colada un olor propio. Es el olor que impregna nuestras prendas y que de alguna manera identificamos con nuestro hogar cuando, por ejemplo, abrimos la maleta al llegar a un destino determinado. Al igual que ocurre con otros productos de limpieza hay modas en los olores. No soy la única que en el supermercado abre el detergente y lo huele. ¡Es tan personal! Ahora se impone el de jabón de Marsella que a mí me gusta mucho y me da sensación de limpio. En su día solo se vendía en pastilla para frotar ropa a mano. Pero hay olor oceánico, floral, de colonia de bebé, de algodón (?)…Además la mayoría de las marcas blancas ofrecen alternativas a muy buen precio -a lo que hay que sumar ofertas 3×2 o segundas unidades muy rebajadas- con lo que se hace difícil la fidelidad a una.

Me gustan unas marcas pero también probar. Como comentaba Yolanda en el post anterior, apetece comprar jabones especiales para prendas especiales. La publicidad también tiene su peso y así ahora Fairy -tan asociado a los platos- anuncia jabón para la lavadora. Y Norit, el jabón de toda la vida para los jerseis y prendas que requerían mimo, se publicita como detergente para toda la colada. Difícil lo tienen ambos, al menos conmigo. No por nada, por una arraigada asociación. La experiencia también me ha demostrado que hay que ajustar a la baja las cantidades de jabón. La ropa queda mucho mejor. Desde hace tiempo, coloco el jabón en el bombo. La jabonera de la lavadora, si se usa, se ensucia y ennegrece con facilidad y hay que sacarla y limpiarla. Apasionante el tema pero se alarga el post. Por cierto, Beatriz, yo también lavaba aparte la ropa de los niños cuando eran bebés.

Enlace relacionado: Lavar y conservar prendas delicadas

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