Molde gingerman de LékuéCuando era adolescente y nos tocaba decantarnos por los estudios de Ciencias o Letras -existían también las Mixtas que estaban a medio camino-, solía estudiar siempre con mi amiga Meke. Unas veces en su casa, otras, en la mía. Y, aunque vivíamos a pocas calles, también nos quedábamos a dormir. Así aprovechábamos para estudiar hasta última hora. “Colarse” a vivir en casa de otro te hace conocer las peculiaridades de otros hogares. Y siempre hay cosas que te parecen atractivas y deseas incorporarlas a tu casa. De aquellas, ahora nostálgicas, jornadas de estudio en casa de mi amiga, recuerdo dos cosas con especial cariño. Una: a la hora de cenar me ponían una jarra de porcelana con leche. Ahora apenas tomo, pero entonces me gustaba mucho y era una gentileza que me la sirvieran tan bien. Dos: el bizcocho del yogur que preparaba su madre. Desde entonces lo hice para los de mi familia y todos mis hijos desde pequeños lo saben hacer con los ojos cerrados.

Un yogur natural -o de limón- sirve de medida para incorporar los ingredientes: 3 huevos, 2 de azúcar, 2 1/2 de harina, 1/2 de aceite de girasol y un sobre de levadura. Media hora de horno a 180º y listo. Siempre sale bien. Según el día, lo partimos por la mitad y lo rellenamos con Nocilla o mermelada o lo cubrimos con chocolate. La mayoría de las veces no hay opción. Al poco de enfriarse va desapareciendo porción a porción. Lo último en casa: no dejar que se dore demasiado, les gusta, incluso, que quede un poco crudito. De aquellos lejanos días de estudio data un molde metálico redondo que compré. Es como si nos hubiéramos hecho uno al otro. No lo cambiaría por uno nuevo.

Con mi hijo pequeño, siempre dispuesto a ponerse el delantal, hemos ido adquiriendo nuevos moldes pasteleros. Así tenemos el de forma de oso, el verde con forma de árbol de Navidad o las tres caras rojas de personajes de Disney. También me hice con todo un set de moldes azules que ofrecía un diario. Todos ellos de silicona. La gran revolución de la silicona -no se pegan, son fáciles de limpiar, ocupan poco espacio porque son fácilmente apilables.- La semana pasada me acerqué a la tienda Gadgets de cuina. Había estado hablando con mi amiga Lola y sabía que buscaba moldes para hacer financieros (esos deliciosos bizcochitos rectángulares a base de mantequilla y almendra molida). Allí encontré una variedad de placas para hacerlos más grandes o más pequeños.

La oferta de moldes, colores y formas era tal que me sentí como dentro de la película Charlie y la fábrica de chocolate, encantada pero a la vez abrumada por tantísima diversidad. Hay moldes de todas las formas geométricas conocidas pero también en forma de rosa, castillo, corona, dinosaurio, calabaza, fantasma, número…Hay formato grande y montones  de piezas pequeñas para hacer cucharas, bombones, palitos…hay tapetes de silicona para sentirte como un pastelero profesional haciendo bombones, mini brownies o los preciados macarons franceses. Para hacer galletas, hay tantos cortadores como ideas se te puedan ocurrir. Lo mismo ocurre con los famosos cup cakes. Impulsivamente habría comprado moldes y más moldes pero tuve una ráfaga de sensatez y sólo compré lo que iba a buscar. Pensé que me quedaba con muchas ideas para hacer -y hacerme- regalos en ocasiones especiales y para probar nuevas recetas de repostería.

Os dejo aquí unos buenos enlaces con unos apartados espectaculares de moldes pasteleros. Para pasar un buen rato y descubrir cuántas cosas podemos hacer desde casa con un molde diferente. Todo lo dicho no quita que mi viejo molde sea especial.

Lakeland

Lékué

Silikomart

Ibili

 

Anuncios