Estamos en los años 70. Mis hermanos y yo sentados en el sofá disfrutamos en blanco y negro del programa de circo de los payasos de la tele. Igual que nos asignamos los Reyes Magos (Somos tres y cada uno tenía su rey -el mío siempre ha sido Melchor-), con los payasos pasaba algo parecido. Mi payaso era -es- Miliki. Gaby era el serio, Fofó el abiertamente payaso y Miliki era único. Iba de resabiado y se metía en mil líos, enredos situacionales y lingüísticos (“se me luenga la traba”, “inconnnnnciente”…). Me tronchaba. En los inicios del nuevo milenio, fuimos con nuestras hijas a un concurso de musicales infantiles en Sitges. Mi marido formaba parte del jurado. Miliki ¡también!. En un descanso de las votaciones me acerqué con las niñas y les hice una foto con él. Espontáneamente tarareé una de sus canciones. Me miró sorprendido: “Esta es muy antigua”, dijo. “Soy una de tus niños de 30”, le contesté. Unos meses antes había editado un cd super ventas con las canciones de nuestra niñez. Me dio un beso. Y yo realmente me sentí feliz. Mi ídolo de la infancia era grande en mi mirada ya adulta. Nada de decepciones.

“Había una vez un circo”, “Susanita”, “El auto de papá”, “Dale Ramón”, “Hola don Pepito”,”la gallina turuleca” -en casa, siempre turuleta-, “Mi barba tiene tres pelos”, “El barco de cáscara de nuez”…y tantas y tantas otras que cantaba a mis abuelos en los viajes en coche; que conocían nuestros padres y que hemos enseñado a nuestros hijos. Cuatro generaciones transmitiendo esas letras que salen de forma natural, sin esfuerzos memorísticos. “Los días de la semana” era causa de enfado con mis hermanos. Ahora lo veo de otra manera. No era cuestión de género sino de concepto.

Miliki, que murió hace pocos días, sobrevivió a sus hermanos varios años y mantuvo viva la llama de aquel espectáculo que requería gargantas potentes: “¿Cómo están ustedes? “, preguntaban y todos gritábamos “Bieeeeeeeeen”. Miliki siguió en activo con sus canciones, en los programas con su hija Rita, también en su hijo Emilio Aragón (Milikito), que tanto se le parecía. Éste declaró el día de su muerte que el legado de su padre permanecerá. Lo hará porque forma parte de nuestros hogares. Esas canciones famosísimas, transversales, intergeneracionales, como dirían hoy, globales, son patrimonio compartido.

Gracias Miliki porque eras lo que parecías: una buena persona. Un payaso que nos alegró la vida y que nos recuerda que los niños son los más importantes. Tú, que cantaste con entusiasmo y fervor a la familia unida y que nos regalaste un himno para las celebraciones con “Feliz en tu día”. Estos días mientras cocino o mientras plancho me pongo tus canciones y me siento bien. Y al escuchar ese corazón de fantasía que le creaste a Pinocho para que siguiera viviendo, me gustaría regalarte uno.

Anuncios