Amaia Egaña, 53 años, de Barakaldo. Murió el 9 de noviembre. Se tiró por la ventana. Antes abrió la puerta para dar paso a la comisión judicial que la iba a desahuciar. El juez que procedió al levantamiento de su cadáver declaró que a pesar de estar acostumbrado por su trabajo a situaciones terribles, ésta le llevaba a cuestionarse qué está pasando. Al día siguiente, el presidente del tribunal superior de justicia del País Vasco declaraba que el dolor de este caso debe hacer actuar de inmediato a las administraciones para que no se produzca ni una muerte más por esta causa. El nombre de Amaia se une al de otras personas de diferentes localidades, edades y procedencias que ante el desespero de quedarse en la calle optan por quitarse la vida.

La crisis económica de dimensiones gigantescas que estamos viviendo ha provocado situaciones de desamparo para muchas familias. Son también numerosos los casos de solidaridad que se han dado para impedir que algunas personas abandonen sus casas por no poder hacer frente a los pagos de sus hipotecas. El psicólogo José Ramón Ubieto publicaba en La Vanguardia un artículo sobre los sentimientos que provoca la pérdida de vivienda. “La casa tiene una función de protección y ha sido tradicionalmente un elemento de subsistencia frente a las amenazas externas”, señalaba. Así lo sentimos.

Cuando por accidentes como incendios o desastres naturales como inundaciones o terremotos, vemos imágenes de gente que lamenta haber perdido su casa, entendemos la desolación que padecen. Nada puede compensarles, ni su reubicación en un buen hotel. Añoran sus pertenencias, sus estancias, sus vivencias. No importa si sus casas eran más o menos espaciosas, dónde estuvieran ubicadas, las comodidades que tuvieran o dejaran de tener. Uno se siente “en casa” en la suya.

No podemos permitir que la vivienda, que es un bien esencial, sea algo susceptible de arrebatarse a personas honradas que ahora se ven en un callejón sin salida. Llevo días leyendo historias de personas mayores y jóvenes que malviven con su casa empaquetada pendientes de una ejecución que les sacará de sus casas. ¿Cómo se puede afrontar nada desde un no lugar?1

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