¿Cómo se llamará la relación que nos vincula con la gente del barrio? Algunos son vecinos. Otros, pocos, son amigos porque ya lo eran o por causa de la proximidad territorial. A algunas personas las conocemos porque trabajan en comercios de nuestro entorno. A otras, porque se mueven laboralmente en nuestras calles. ¿Qué nombre le ponemos a ese conocimiento cotidiano y con frecuencia superficial que mantenemos con un gran número de personas? En la mayoría de los barrios hay seres pintorescos y extravagantes que todos identificamos y asumimos como un poco nuestros:”¿una señora que lleva siempre unos taconazos y el pelo super crepado a lo Barbie?. Es de mi barrio”. Hay algo de pertenencia al grupo.

Escucho con frecuencia a artistas, músicos o escritores famosos nombrar en entrevistas el barrio en que nacieron, dónde vivieron, cómo crecieron. Hablar de usos y costumbres de sus calles, de lugares comunes. Eso los hace más humanos, más cercanos. Y los que compartieron barrio con la persona hoy célebre se enorgullecen de ello. El gran honor es que le pongan tu nombre a una calle o plaza. Cuando viajamos, visitamos las casas natales de personajes históricos. Traspasar la puerta de la que fuera su casa, salir a la acera que pisaba entonces tiene algo de mágico.

Con el tiempo asumimos como parte de nuestro paisaje a todos esos seres que se mueven por nuestro barrio. Seres de los que desconocemos el nombre, la dedicación y a los que raramente saludamos. Algunos desaparecen porque se mudan a vivir a otro lado; otros dejan de existir y pasan al olvido. En más de una ocasión nos hemos aventurado a fabular sobre sus vidas con apenas unos datos: sus rutinas, con quien van en coche, de qué portal salen…Y cuando alguna circunstancia nos acerca a la realidad descubrimos que nuestras conexiones estaban bien hechas o cuán infundada era nuestra historia.

A medida que maduramos y ampliamos nuestros círculos de relación nos pasa con frecuencia que nos crea confusión ver una cara conocida fuera de contexto: del colegio, del trabajo, del verano, del barrio…nos preguntamos. Mi marido me comentó un día que se había encontrado con una amiga mía en tal calle y a tal hora. Le dije que no me cuadraba. Hablé con mi amiga y me dijo que efectivamente no se habían visto. Mi marido me dijo “pero si hasta le he dado dos besos”. Vaya, pensé, a quién habrá besado. Con el tiempo descubrimos que había saludado más efusivamente de lo habitual a una chica del barrio con la que solíamos coincidir en una charcutería. Y de tanto hacerlo, acabamos saludándonos cuando coincidíamos en la calle. Hasta entonces solo verbalmente.

Enlace relacionado: Un buen vecino

Anuncios