El mes de septiembre es tan empinado como el de enero con su famosa cuesta. Al volver de vacaciones, afrontamos buena parte de los gastos del nuevo curso escolar. La despensa está a mínimos y el congelador vacío o semi vacío. El reto de la comida diaria es siempre un trabajo ingenioso. Ahora además hay que ajustarse a un presupuesto más restringido. El querer es poder funciona mucho en la cocina. Hay que echarle ganas para que el resultado sea atractivo.¿Cómo llegamos a octubre?

– En muchas ocasiones, de vuelta del verano, en nuestras bolsas hay paquetes a medio acabar de pasta o arroz, latas sueltas de maíz, atún o aceitunas y cajas empezadas de cereales, galletas o tostadas. Estos “restos de serie” nos pueden solucionar un primer plato, un desayuno o una merienda. No se tira nada.

– Vale la pena ir al mercado y comprar productos frescos (verdura y fruta, carne, pollo, pescado…). Debemos ceñirnos al presupuesto y calcular las cantidades para que nos dure unos cuantos días sin que nada se estropee. Siempre comeremos calidad a mejor precio. En el mercado además hay variedad. Es un buen pozo para coger ideas y recetas -siempre hay alguien que explica una-.

– La compra “gorda” del supermercado puede esperar diez días. Las reservas son para estos momentos. Los botes de legumbres, pastas, arroz, piña en su jugo y demás que guardamos en la despensa nos ayudarán a elaborar ensaladas frescas.

– Comparte ofertas con un vecino o amigo. Las propuestas de 3×2 o de segundas unidades son, en muchos casos, ventajosas. La limitación de espacio es un problema a la hora de comprar productos voluminosos como jabones de lavadora o botellas. Si tenemos cerca a alguien dispuesto a compartir, es genial. Esta fórmula también es válida para las promociones de productos fresco. Quizá no compraríamos 3 kg de tomate pese al ofertón porque no tendría salida. De esta manera ahorramos.

– Al ir a comprar, piensa en recetas vistosas y coloristas -canónigos, tomate, mango…- y combinaciones que sean atractivas según los gustos familiares. Para algunos -no hablo por mí- verdura y pescado en el mismo menú es demasiado.

– La comida y todo el proceso que la rodea -compra, preparación, degustación- une mucho a la familia. Hay que vivirlo en positivo, no como una carga. Las sugerencias e iniciativas de todos los miembros son bienvenidas y revierten en benificio de todos. Ya os hablaré otro día de las exitosas empanadillas que ha elaborado este verano mi marido.

Enlace relacionado: La lista de la compra

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