Para disfrutar de nuestro propio armario limpio y ordenado debemos invertir tiempo en su cuidado. Dos veces al año la mayoría de los humanos debemos pagar el peaje del cambio de armarios. La falta de espacio nos obliga a dividir nuestro ropero según la temporada de invierno o de verano. Algunas piezas “comodín” tienen el privilegio de disfrutar de cobijo todo el año por su condición de ser de “entretiempo”. Las prendas de fuera de temporada pasan a cajas, altillos o fondos de armarios. La primavera con sus altibajos atmosféricos nos está dando tiempo para organizarlo todo.

Me encantan las tareas domésticas pero reconozco que la perspectiva de cambio de ropa se me hace siempre cuesta arriba. Al mal tiempo, buena cara. Objetivo: sacárse el tema de encima lo antes posible. ¿Cómo?:

– Con planificación. Algunas prendas muy invernales pueden ir desfilando hacia la tintorería o , si lo permiten, ir lavándolas en casa. Lo mismo podemos hacer con bufandas, guantes y gorros.

– Con tiempo. Hay que invertir unas horas en el tema. Es importante destinarle los minutos necesarios para completar la tarea en el mismo día -preferentemente-. No dejemos la tarea a medias. Eso puede alargar agónicamente el final.

– Con energía. El cambio de ropa que no te pille después de una jornada agotadora, ni falto de fuerzas, ni con un hambre atroz, ni en un día tristón. Pon las condiciones para no desgastarte antes de empezar. Amenízalo con música y evita las interferncias.

– Con colaboración. En las casas con niños pequeños, el cambio de armarios requiere también tiempo para probar la ropa. Una persona de confianza y paciente puede ayudarnos en esta empresa.

– Con determinación. No hay que dudar ante cada prenda o par de zapatos. Seamos prácticos. Hay que descartar lo que no usamos hace tiempo, la ropa en mal estado o imposible de ponerse. Sentimentalismos, los justos.

– Con criterio. El armario debe ser práctico y funcional. Tengamos las prendas colocadas de forma accesible y ordenada (pantalones, camisas, complementos, zapatos…)

– Con entusiamo. Sí, con la ilusión de que vale la pena hacer bien el cambio de ropa para poder disfrutar de un armario “apetecible”. Hay que guardar siempre la ropa limpia y en condiciones (que no falten botones, que las cremalleras funcionen…) para que en el próximo cambio no haya sorpresas.

Cuando ya hemos hecho el cambio total y abrimos el armario y todo parece nuevo por su textura y colorido, y está en un orden familiar y huele a limpio, nos sentimos satisfechos y optimistas. A mí me pasa.

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