La historia del hundimiento del Titanic -hace ahora 100 años- nos sigue estremeciendo por la magnitud de los elementos. Hace una semana fui con mi familia a seguir -mp4 en mano, la muestra es un largo recorrido por la historia del buque- la exposición del Museu Marítim de Barcelona: Titanic (www.mmb.cat). De recuerdo nos llevamos una foto en blanco y negro donde saludamos alegre e inconscientemente a la cámara desde una réplica de la pasarela del barco fletado por la naviera White Star Line. La miro ahora y me parece casi ofensiva. 2208 personas viajaban en ese barco de dimensiones e instalaciones increíbles, incluso vistas desde nuestros ojos.Más de 1500 personas perdieron la vida en el naufragio.

La película, la banda sonora, los relatos, testimonios, las historias de muchas vidas contadas en diversos formatos intentan situarnos más cerca de un escenario lujoso que en pocos instantes se convirtió en un infierno con héroes y villanos. La exposición me interesó por la información que aporta y especialmente por los elementos originales que muestra. El Titanic era un hotel de lujo que ofrecía servicios de hotel de 5 estrellas. Y al contemplar algunas muestras de lo que  fueron elementos cotidianos me sorprende la calidad y actualidad de muchos de ellos.

En la recreación de un camarote de tercera clase, los más sencillos, veía un escaparate de habitación infantil con sus literas y juegos de cama tipo Lexington. Allí en rojo y blanco reproducían siempre el sello de la casa. En una vitrina se exhibe una de las hamacas de cubierta con una manta a cuadros, hecha específicamente para el barco. Podría estar perfectamente en un sofá de nuestras casas aportando calidez de hogar. Hay también un plato maravilloso -fue durante años juguete de diario de un niño- de loza blanco con la bandera roja y la estrella blanca. ¡Era el modelo de tercera clase!. En primera, la vajilla era lujosa y la cubertería de plata.

Es sorprendente contemplar las piezas de plata rescatadas del barco que incluyen soperas, bandejas o fruteros. Y las fotos de los comedores dispuestos para acoger a cientos de comensales hacen pensar en una organización precisa. Todos esos objetos de vida doméstica ofrecen una imagen muy cercana de la historia del Titanic. Son todos especiales porque fueron pensados y diseñados para convertir un barco en un hogar de primera a los viajeros que atravesaban el Atlántico, como las lámparas de techo o los menús impresos para los comedores. Y es a través de ellos que me pongo en situación. Al final del recorrido, hay un banco de madera y hierro de los que estaban en cubierta. Es fácil imaginarse sentado allí contemplando la inmensidad del cielo y del océano.

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