Escena 1: Hace unos meses estaba un poco pachucha y estuve unos días en casa. Llevaba un pijama que tiene la gracia de no parecerlo: unos leggins grises y una casaca estampada. Llegaron a casa un grupo de amigas de mis hijas. Saludos de rigor y gran naturalidad.

-¿Verdad que es mono el pijama de mi madre?

– ¡Uhaaaaala!, pues no parece un pijama, ¡es monísimo!

Escena 2: Nuestra hija de 16 años cuelga una foto en Facebook. Estamos en pleno mes de julio. Se la ve enfundanda en una especie de equipación de la selección de fútbol y anuncia que se va a la playa. Yo contemplo atónita la imagen y entonces su íntima amiga comenta:

-¡Vas en pijama! Je,je,je…

Escena 3: Esta misma hija está estudiando en casa hace unos días. Son casi las 8 de la tarde y necesita una libreta con un determinado tipo de hojas, ya!. Se pone una chaqueta y sale a la calle en pijama tan fresca.

Escena 4: El viernes pasado regreso de comprar en el mercado. Me acompaña mi amiga Isabel. Vengo cargada como una mula. Llamo a casa y le digo a mi hija mayor, que ese día no tiene clase, que en cinco minutos esté abajo para ayudarme a descargar. Y allí está, a pleno sol del mediodía, con su pijama tipo Cuéntame.

Leo recientemente al periodista Màrius Carol en su columna de La Vanguardia recoger la última moda de las celebrities: salir en pijama a la calle, a cenar…Y me viene la imagen de tantas ocasiones en que hemos bañado a los niños pequeños, les hemos puesto el pijama, dado la cena y los hemos metido en el coche para que se durmieran durante el trayecto de un viaje. Un acto casero que traspasaba las puertas de casa y que hacíamos furtivamente para no romper su descanso.

Los pijamas y las zapatillas de ahora son tan estilosos que no parecen lo que son. De hecho hay un calzado super fashion que son zapatillas elegantes, slippers. En casa, donde buscamos la comodidad y el desenfado, intentamos camuflar que vamos en pijama y zapatillas. Y ahora resulta que está de moda salir a la calle en pijama, pero que se note que es un pijama. Y los diseñadores quieren que artistas y modelos luzcan sus modelos de ir por casa. Los tiempos están cambiando. Y resulta que mis hijas -en mi ignorancia- eran unas adelantadas, unas precursoras de lo que tenía que venir.

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