En la mayoría de los hogares se hacen las mismas cosas pero no de la misma manera. Cuando estás en una casa ajena en plena cotidianidad y observas cómo se llena un lavaplatos, cómo se doblan las toallas, cómo se ahuecan los cojines o cómo se cortan las verduras, te das cuenta de que cada uno tiene su estilo. Si nuestros hijos aprenden a ser competentes en casa, lo harán con las pautas que nosotros les enseñemos. Y muchas de nuestras formas de hacer nos vienen dadas por lo que se hacía en nuestros hogares. Usos y costumbres que nos ayudan en la vida doméstica y que hay que cuestionar cuando no son eficientes.

Un tema que ya abordamos es, por ejemplo, la disparidad de formas de emparejar calcetines. También la manera de doblar la ropa, de plancharla y de guardarla. En casa se cuelgan las camisas en percha y se doblan las camisetas -pero no demasiado estrechas, que se vea un trozo de hombro-, se hacen las camas con el embozo amplio, se meten las puntas del nórdico por debajo del cochón, se doblan las toallas en tres pliegues, se cuelga la ropa ordenada por prendas, los vasos se guardan boca arriba o se pone un papel de periódico en el interior de la bolsa del cubo de basura. Si voy a casa de mis padres, me resulta fácil desenvolverme. Si voy a una casa ajena y participo en alguna actividad, siempre pregunto: ¿vosotros cómo lo hacéis?.

Ni mejor ni peor, diferente. Cada cual tiene sus rutinas. El criterio que predomina en mi casa es el del orden -por tanto también cierta estética-. Me cuesta mucho entender que un montón de camisetas bien dobladas, una encima de la otra, se puedan colocar en el armario con el cuello hacia fuera, o una hacia cada lado, que la ropa de cama se amontone sin respetar tamaños, con los bordes pulidos hacia fuera. Lo mismo me ocurre con los zapatos: emparejados, algunos en caja y sino alineados encarados al fondo del armario.

Cuando uno está solo en casa y tiene que hacer según qué cosas, como colocar el relleno en una funda nórdica grande, debe aplicar maña e ingenio para que quede bien. Montse, abogada y ama de casa, me manda con frecuencia sugerencias e información para el blog. ¡Gracias!. Ella me remitió este enlace sobre cómo doblar una sábana ajustable en un visto y no visto. En casa siempre las doblamos entre dos y el pequeño de casa se cuela por debajo para que le demos golpes en la cabeza, aunque ahora ya tenga que agacharse.

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