El baño, como la cocina, no da tregua a la limpieza. Es un pez que se muerde la cola: baño limpio-baño apetecible-baño en uso-limpieza de baño. El círculo se cierra al cumplir cada etapa. Y siempre digo que para que nuestra casa sea el mejor hotel del mundo debemos invertir un poco de tiempo en el mantenimiento y el cuidado de las estancias. Cuando les pido a alguna de mis hijas adolescentes que repasen su baño me han llegado a contestar: “¡Qué asco!”. Asco, ¿de qué?, me pregunto con veinte exclamaciones. No podemos estigmatizar negativamente las tareas domésticas que nos proporcionan calidad de vida. Y menos considerar que mágicamente las hace alguien ajeno para nuestro disfrute. Así que ahí estoy haciendo exhibiciones de lo grato que es dejar un cristal reluciente o una ducha seca y ordenada, con todos los champús y cremas cerradas con sus correspondientes tapones. Las competencias domésticas -¿podemos hablar de inteligencia doméstica?- son necesarias para nuestra formación personal. 

La superficie de la bañera y de la ducha se aclara con el simple transcurrir del agua pero hay ocasiones de alarma. De pronto intuyes una línea que marca el nivel habitual del baño infantil día tras días y te sientes abolutamente sucio por esa huella. El baño requiere un repaso diario. Ya comentamos que los limpiadores en spray tipo Zas! son buenos aliados. Una vez por semana hay que frotar con más intensidad con un producto que elimine los cercos de cal que rodean el desagüe o las líneas del nivel del agua. Con una esponja, o incluso con un estropajo, y un producto antical, la superficie queda como nueva. Apuesto por Cif. Muchos anti-cal son fuertes para las mucosas y no tienen un olor demasiado agradable. Las bayetas de microfibra son la mejor herramienta porque bien escurridas no dejan marcas de secado. Tampoco en la grifería.

Preguntaba Rossend, inspirador de esta serie de post sobre el baño, si secaba la mampara de inmediato. Yo, sí. Los cerramientos de cristal se impregnan de cal y las gotas cayendo en cascada quedan grabadas feamente. Si se tiene a mano una bayeta específica para cristales, en apenas un minuto secas la superficie y queda reluciente. Comprendo que en ocasiones ese minuto es demasiado. Pero no dejes muchos días el cristal sin secar tras la ducha. Las esquinas son pasto de acumulación de humedad. De vez en cuando hay que frotar con un cepillito para desincrustar los residuos. Cuando el tema no mejora, con el paso de los años, un repaso con una pistola de silicona devuelve a las duchas un aspecto renovado.

Finalmente no hay que olvidar que lo invisible a nuestro ojos existe. Los tapones y desagües requieren un mantenimiento para conseguir que todo fluya. De vez en cuando hay de desenroscar y limpiar. También utilizar algún producto para el mantenimiento de tuberías que evite golpes de apestosos e inesperados olores. Alguna vela en el baño es un buen remedio para esas fugas que, a veces, sólo están causadas por el cambio del tiempo.

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