La imagen del post anterior es una excelente ventana para explicaros el paisaje de nuestras vacaciones. Lo pasamos en la montaña donde el deambular de vacas y caballos forma parte del maravilloso cuadro que decora nuestros días. Frente a casa, transcurre un modesto río, siempre caudaloso. Un espacio atractivo para remontarlo y para dejar como fósil a más de una chancleta. No soy rencorosa, pero allí murieron unas menorquinas que estaban muy hechas a mis pies y que ese día le presté a mi hija -sin acritud, sólo anécdota-. En ese río no se permite la pesca con muerte.

Será esa suma de elementos que condiciona nuestra dieta. Mis hijos dicen que “no pega comer pescado”. Y la ingesta de este alimento desciende notablemente en agosto. En cambio les encanta devorar carne, hacer barbacoas y degustar quesos y yogures de la zona. Hace muchos años que compro en la Charcutería Meya de Puigcerdà, localidad fronteriza con Francia. He visto despachar a la madre, a sus hijas y ahora se incorpora con fuerza un hijo que continúa la saga. En Meya siempre han tenido claro que al cliente se le mima y se le atiende. Y no sabéis hasta que punto. No hay niño que entre que no salga comiendo un trozo de secallona (un fuet seco y delgadito).

La vaca es el emblema de la casa -allí tienen una de cartón-. Sus productos proceden de su propia granja situada en un pueblo cercano, Age. Con los años, su oferta se ha diversificado -hamburguesas con diferentes ingredientes como la de alcaparras o foie-, croquetas varias -también de sobrasada-, pinchitos adobados, y los preferidos en casa, de pollo con chistorra. La calidad es excelente. Facilidades para encargar por teléfono o internet y una calidad humana detrás del mostrador que fideliza a su clientela. Si os acercáis a Puigcerdà, entrad en Meya y disfrutad de su oferta.

Os paso un enlace de su página con una apetitosa receta de fricandó (hecha con carne de ternera y con unas pequeñas setas secas):  http://www.carnisseriameya.com/consells.php?c=1

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