Esta es la frase que más he oído en los últimos días del verano. No sé si la suscribo porque cada vez me cuestan más las transiciones y para volver al nuevo curso hay que pasar por un periodo de cambios. Durante el año ansiamos descanso y desconexión y, en un momento dado de las vacaciones, queremos volver a los horarios y rutinas de siempre. Somos ciclotímicos y quizá esa es parte de la gracia; del estímulo; el tener un objetivo diferente en el horizonte.

En las casas con niños la vuelta de vacaciones conlleva compra de libros, material, inscripciones varias, equipamientos deportivos, batas escolares y dinero, dinero y dinero. Y siempre alguna sorpresa más de última hora. En temas domésticos la mejor fórmula para la vuelta a casa es la previsión. Si podemos comprar algo de comida para los primeros días -internet es una buena solución y en muchos mercados lo hacen-, si alguien ha podido abrirnos la casa o si dejamos las cosas en orden, el retorno será más fácil. También os digo que cuanto antes recoloquemos los paquetes, mejor. Pero las bolsas pueden esperar si el abrirlas conlleva que gastemos buena parte de la batería acumulada en vacaciones. Las pilas han de durar.

Vale la pena organizarse unos días antes del regreso e intentar volver con la ropa limpia y con el mínimo equipaje posible. Ese es el ideal. La realidad suele llevarnos a un maletero hasta los topes aderezado con bolsas de última hora con las cosas más variopintas. Así que calma. Organizacion, orden y limpieza al ritmo que cada uno pueda. Sin prisa pero sin pausa para volver a la deseada rutina sin arrepentirse de haberlo dicho. Me ha ido bien hablar del tema para aplicármelo yo misma. Gracias.

El año pasado ya buscábamos formas de aterrizaje:  https://hogardemey.wordpress.com/2010/09/03/como-evitar-la-depre-post-vacacional/

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