Poco antes de dejar la ciudad para venirme a la montaña, apareció por casa mi amiga Isabel. Nunca viene con las manos vacías. Esta vez me traía una planta de Aloe Vera. Y ésta, metida en un una bolsa de plástico, apretujada en el maletero del coche, se vino a respirar aire puro y a pasar el verano con nosotros. Había oído hablar de las propiedades de esta planta que parece un cactus pero nunca había tenido una. Su nombre nos resulta familiar después de verlo estampado en infinidad de etiquetas y como reclamo en cremas hidratantes, geles de baño, champús, jabones…incluso en productos de limpieza, tales como jabón de lavavajillas, abrillantador del suelo, líquidos para lavar la ropa, ambientadores para aromatizar el hogar, etc, etc.

Juanse, amigo médico, me comentó hace años que en su campo -la radiología- se recomendaba el uso de la planta para aliviar la quemazón de la piel provocada por los tratamientos con radio. El Aloe Vera requiere muy poco riego. Ahora en verano le basta con agua cada diez días. Es mejor que no esté expuesta directamente al sol, ya que sus hojas se deterioran y enrojecen. Me cuenta Cristina, de mi floristería Mayflower, que cuanto más adulta es la planta más efectivas son sus propiedades.

Con mi hijo pequeño liderando el tema y su amiga Mariona inauguramos la serie de tratamientos corporales. Cortamos una hoja, pulimos su contorno punzante y la laminamos para aplicárnosla en la piel. Así los peques disfrutaron con unos trozos, que a priori, darían un poco de grima a más de uno, por su textura gelatinosa. Todo lo contrario. Nuestra planta de Aloe Vera se ha convertido en una especie de pulpo Paul del Mundial de Fútbol. De hecho sus hojas ligeramente curvadas recuerdan mucho al cefalópodo talismán. Y es buena señal; si las hojas están demasiado rectas, indica mala salud de la planta.

Idónea para las pieles atópicas, este verano nos está ahorrando aceites y cremas. Tiene un poder balsámico, actúa como filtro solar, y es nutitiva para todas las capas de la piel. El Aloe Vera está resultando uno de esos atractivos que solo se disfrutan en vacaciones, cuando encontramos tiempo para estas cosas.

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