Sentada en el sofá miro hacia la terraza. El calor empieza a apretar. El sol de tarde achicharra al que se ponga delante. Los toldos bajados nos protejen de la exposición directa pero la temperatura sube en plan efecto invernadero. Y, en medio de ese ámbiente desértico, están mis plantas resistiendo, aturdidas por los zumbidos de los aires acondicionados del vecindario y agotando las reservas de sus sustratos. Algunas amarillean sus hojas ya sin flor. Son los ciclamen que nos han acompañado toda la temporada de invierno y que acaban definitivamente su ciclo. Solo a última hora del día me atrevo a salir al exterior.

Las plantas lucen exhaustas. Es al final del día cuando se aconseja regar las plantas para que aprovechen mejor la humedad. Si lo hacemos en plena exposición solar, podemos quemar sus hojas. Recordad que en esta época hay que regar más amenudo pero no en exceso. Si el agua sale por debajo de la maceta, quiere decir que nos hemos pasado. Y en ese líquido sobrante se van también el abono y las vitaminas. Mi amiga Isabel quiere llenar su nueva terraza de plantas, pero esperara a después del verano. Sabia decisión. Si no podemos cuidarlas adecuadamente, mejor no tenerlas.

Al ver a mis plantas alicaídas me fui corriendo a mi floristeria MayFlower. Allí me recordaron que no hay que dejar de abonar hasta el otoño. Venden diferentes modalidades de abono. Muchas muy cómodas porque son una especie de tabletas que se ponen en la tierra y te olvidas. Es época de enfermedades como el pulgón y la cochinilla. Hay productos específicos para acabar con ellas o métodos tradicionales como lavar hoja a hoja con vinagre. Me aconsejan que en aquellas plantas grandes, tipo jazmín o limonero, que vea poco lustrosas, les aplique una dosis de vitaminas directamente en la tierra, sin diluir en agua (Hortrilon de Compo) una vez al mes. Y remover bien la tierra.

Las plantas de interior, si nos vamos a ausentar, vivirán mejor si las agrupamos. Y creamos un microclima en un espacio luminoso. Para regarlas, podemos dejarlas en un recipiente con agua pero nunca en contacto directo, la maceta un poco elevada. Un buen vecino, familiar o amigo es un buen candidato para mantener nuestras plantas cuando estamos fuera. A falta de sistemas de programación de riego. Yo, incluso, me llevo alguna planta pequeña y delicada de vacaciones.

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