En verano disfrutamos de las auténticas cosechas de tomate. Aunque encontramos tomates durante todo el año, es en el calor estival cuando los saboreamos realmente. Ahora empiezan a aparecer más variedades y más gustosas que las del invierno, que solo son apariencia. Esta proliferación de tomates verdes, en rama, pera, Montserrat, de colgar, cherry…me remiten a un plato de mi infancia: los tomates rellenos. Recuerdo, además, que era un divertimento ayudar a mi madre a prepararlos y tenía la gracia de las cosas que esconden sorpresa. Ahora es un buen momento para esta receta. Cuando los tomates están en su apogeo hay que saborearlos solos, con un buen aceite.

Ingredientes: 6 tomates medianos rojos y fuertes, 3 huevos, 2 latas de atún en aceite de oliva.

Se hace una incisión en la parte de arriba del tomate en forma circular. Con una cuchara de postre o con un vaciador de fruta vamos retirando las pepitas y el interior del tomate. En un cazo ponemos los huevos a hervir hasta que estén duros y los dejamos enfríar. Los pelamos y rallamos o picamos. Añadimos en un bol el atún también picado y lo mezclamos con el huevo. Ahora ya podemos ir rellenando los tomates hasta arriba y dejar un rato en la nevera. Se sirven fresquitos y con mayonesa. Están buenísimos. La pulpa del tomate la aprovechamos. O bien para algún sofrito o bien, con aceite y sal para untar pan con tomate. Esta es la versión de mi casa, pero los tomates se pueden rellenar con mil cosas: jamón y mozzarella, arroz y aceitunas, crudités…

Y ya que estoy en plan nostalgia, dejadme que os cuente otra batallita. De pequeños nos gustaba ir a una cafetería de Tarragona donde había un plato llamado Floripondio. Lo hemos copiado infinidad de veces. Se trata simplemente de pan inglés ligeramente tostado, untado con tomate, encima unas láminas muy finas de tomate y sobre ellas jamón dulce. Eso sí, cortado a trinagulos y muy bien presentado.

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