En todas las casas hay alguien encargado de recoger el correo del buzón. Observo que es un ritual para algunos vecinos de cierta edad de mi comunidad. En ocasiones, bajan a la portería con la exclusiva misión de revisar el correo. ¿Reciben con frecuencia cartas personales?, ¿esperan alguna notificación importante?, ¿les depara alguna sorpresa esos sobres que repasan en el ascensor mientras regresan a su piso?. En casa es mi marido el encargado de esa tarea, sencillamente porque es él el que tiene en su llavero la pequeña llave de nuestro buzón.

Cuando llega a casa deposita en una bandeja que tenemos en un mueble de la entrada los sobres recogidos. El interés que despiertan es nulo. Están en un lugar bien visible pero nadie curiosea. En ocasiones pasan varios días hasta que decidimos abrir el correo. La mayoría de los sobres notifican gastos y más gastos, otros son propaganda de la más variopinta -es un misterio cómo llegamos a determinados listados-, boletines envueltos en plástico que nadie leerá y en épocas preelectorales el volumen de papel es tremendo -y multiplicado por tres, los que podemos votar en casa-.

Sólo cuando llega una postal o un sobre manuscrito nos interesamos por saber de qué se trata. En mi juventud era una apasionada de escribir y recibir cartas. El verano era la época álgida y me encantaba mandar y recibir. Ahora todo ha cambiado mucho y el correo electrónico arrasa. Tiene menos misterio aunque algunos se atreven a decir cosas que no te dirían de otra manera. El lenguaje tan parco amenudo,  tan escueto y tan veloz despierta incertidumbres en el receptor en más de una ocasión. Falta poesia.

Vayamos a lo práctico: la acumulación de sobres y propaganda en vuestro buzón alerta de que no hay nadie en la vivienda y puede dar pistas a los que se dedican a entrar en pisos y robar. Solo por ese motivo vale la pena recoger el correo. Y si nos vamos a ausentar largo tiempo, podemos pedirle a alguien que lo haga por nosotros. Y quien sabe si algún día entre el correo aparecerá una carta inesperada y sorprendente.

Enlace relacionado: Yo todavía mando Christmas

Anuncios