Hace poco quedé con mi amiga Carmen. Hablamos de lo divino y de lo humano. Y llegamos a temas tan terrenales como el del pan de molde. Ambas tenemos hijas adolescentes. Le relataba con cierta indignación que en casa se habían quejado recientemente al comprobar que había comprado pan de molde con corteza. ¡Cómo se me ocurre! Fui a un super que no es de mis habituales y compré un paquete familiar de pan de molde a muy buen precio. Mis ojos no daban crédito cuando vi que recortaban la corteza que se deshacía de tierna. ¿Debería el pan de molde con corteza desaperecer del mercado? ¿si los fabricantes solo lo hicieran sin corteza bajarían su precio?¿es la corteza un desperdicio como el hueso en la aceituna?. Estoy desconcertada.

Las costumbres y los gustos determinan que triunfen algunos productos emblemáticos en algunos hogares y no otros. Y ahí las marcas blancas lo tienen difícil. Aunque, si la economía lo requiere, se compra lo que se puede. Me refiero por ejemplo al Colacao y al Nesquick. Cuando era pequeña, en casa se compraba Nesquick porque se disolvía mejor en la leche. Ahora adoro el Colacao y sus grumos. Sé de casos a la inversa. Algunos consumen un cacao u otro por tadición porque siempre se ha comprado ese; para otros es el fruto de una elección. El colmo es tener un bote de cada y hacer un mix.

Otra rivalidad más reciente es la de Nocilla y Nutella. En casa de Carmen prefieren Nocilla, en la nuestra Nutella. Pero tiene tanto éxito que el bote dura muy poco. Entonces me voy a por ofertas y marcas blancas para decepción de los de casa. Muchos tememos que con los problemas empresariales desaparezca Cacaolat. No hay batido de chocolate en el mercado que pueda competir. Algunos sabores son tan auténticos en su original que la copia desmerece. Pero en el pan de molde no valoran el sabor sino el que lleve o no corteza. Curioso.

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