“El guardarropa o armario es, a su vez, una estructura arquitectónica y la totalidad de la ropa que poseemos. Las prendas que componen nuestro gardarropa son extensiones de nuestra personalidad, y todas ellas constituyen eficaces herramientas que nos ayudan a construir nuestra imagen e identidad”. Estas palabras están extraídas del catálogo de la exposición Qué me pongo, que se puede ver en el DHUB (Montcada, 12 de Barcelona) hasta el 28 de agosto y cuya comisaria es Miren Arzalluz. Os recomiendo vivamente la visita a una selección del que fuera el armario de María Brillas (1905-1992). El montaje nos deja entar literalmente en el armario. Esta mujer de la burguesía catalana, que tuvo como modisto de cabecera a Pedro Rodríguez, guardó una amplia y vistosa colección de vestidos de día y de noche, de más o menos etiqueta, que hoy podemos contemplar gracias a la donación de su nieta Hilda Bencomo. Todos ellos elegantísimos. Casada con el empresario Joaquim Ensesa, promotor del maravilloso Hotel La Gavina en S’agaró, Brillas tuvo muchas ocasiones para vestir esos trajes.

El catálogo señala también: “Además, el guardarropa que vamos construyendo conforma nuestra biografía, pues las prendas que escogemos guardar -y que ya no utilizamos- representan momentos, recuerdos y emociones de los que no queremos despojarnos”. Hemos hablado en varias ocasiones de organizar armarios, de ordenar la ropa de temporada y de racionalizar las prendas que guardamos en función del uso que le damos y del espacio del que disponemos.

Veo en mis hijas adolescentes que se impone renovar el vestuario cada temporada. Más prendas, más económicas. Yo siempre he sido de la tendencia opuesta -prefiero poco y mejor-. La ropa me suele durar mucho y a veces vuelve a estar de moda lo que ya se pasó. Pero soy expeditiva con las limpiezas y ordenaciones. Las palabras de la exposición me dan que pensar: ¿Qué piezas guardamos?, ¿qué dicen de nosotros?, ¿qué momentos resaltan de nuestra existencia?…descubro que hay algunas cosas que siguen en mi armario año tras año como una capita de terciopelo que fue de mi abuela o un jersei de angora negro. También un bolso ribeteado en piel que me regalaron mis padres cuando cumplí 18 años. Me creía una desalmada del orden y respiro al comprobar que se pueden dar pequeños saltos de mi biografía buscando en el fondo del armario.

Y siguiendo con vestidos de nuestras antepasadas, también podéis visitar en el Palau Robert de Barcelona la exposicón Barcelona alta costura (hasta el 1 de mayo). Gracias a muchas donaciones particulares el público tiene acceso a estos trajes de los años 20 de la colección privada Antoni de Montpalau. Piezas diseñadas por el mencionado Rodríguez, Pertegaz, Balenciaga, Camern Mir y tantos otros, también creaciones de tiendas emblemáticas como Santa Eulalia -recién reinaugurada- o el Dique Flotante. En esta muestra, hay una vitrina con zapatos. Me ha impresionado. Esas hormas usadas son la huella de alguien que los lució en ocasiones especiales. La marca de historias cotidianas. http://www20.gencat.cat/portal/site/PalauRobert/menuitem.24624ed9d70d41f972623b10b0c0e1a0/?vgnextoid=8cae0268971ac210VgnVCM1000008d0c1e0aRCRD&vgnextchannel=8cae0268971ac210VgnVCM1000008d0c1e0aRCRD&vgnextfmt=default&newLang=es_ES

Anuncios