A ras de suelo, marcando el perímetro de nuestra casa está el zócalo, ese listón de la misma madera que el parquet, de la misma cerámica que la baldosa del suelo o de un material diferente 8incluso de acero en las cocinas actuales). El zócalo protege la parte baja de nuestras paredes y lo hace de forma callada y efectiva. Si, por el motivo que sea, se desprende un trozo, deja al descubierto las imperfecciones de la parte baja del muro y parece que atraiga a nuestros zapatos a chocar y rozar contr él. Así que un aplauso para quien inventó el zócalo.

Al sobresalir un poco de la pared, apenas un par de centímetros, esa superficie es pasto del omnipresente polvo y de otras partículas. Los aspiradores suelen tener un accesorio en forma de boquilla que es ideal para reseguir el zócalo y librarlo de impurezas. De vez en cuando también es recomendable descender a su altura y repasarlo con una de nuestras bayetas de microfibra humedecidas. Recientemente he recuperado el limpiador Tenn con bioalcohol de toda la vida, de color verde -en Eroski había  hace unas semanas una buena oferta si te llevabas dos unidades-. Huele a limpio y es muy útil para estos repasos de limpieza.

Y ya que estamos por los suelos, es un buen momento para repasar los bajos de las puertas, que acaban con roces varios. Más delicado es si en nuestro ímpetu con el aspirador las golpeamos. A veces salta un poco la pintura -si están pintadas- o quedan pequeñas marcas en la madera. Existen, por supuesto, otras muchas actividades que pueden provocar desperfectos en las puertas, pero yo no las practico. Es útil guardar un bote de pintura del color de los marcos y puertas para poder reparar los descascarillados con un pincelito, o tener a mano un poco de Reparador para disimular los golpes en la madera.

En esta época del año, como ya comentamos en Limpiar el suelo en invierno I, los ácaros nos persiguen. Otro lugar donde se acumulan es en los radiadores. Hay que repasarlos con una gamuza para el polvo. En los modelos de tubos tradicionales es difícil acceder a todos los rincones. Por eso envuelvo la gamuza en una percha ancha y eso me permite acceder a los espacios más recónditos. Pintoresco pero efectivo.

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