Cuándo tú seas ya tan mayor que yo no esté, y te toque buscar en mi casa, ordenar y decidir qué cosas te quedas y cuáles eliminas, ¿qué recuerdos te quieres encontrar?. El hogar es un término universal y, a la vez, exclusivo que evoca experiencias y sentimientos ligados a los que habitan en él. En nuestras casas guardamos fotos, libros dedicados, dibujos de nuestros hijos, entradas de un concierto único, billetes de avión de un viaje especial, notas amorosas…y también radiografías, garantías de electrodomésticos, comprobantes de cosas diversas, tarjetas de visita, calendarios de años pasados, etc, etc. 

¿Querrás en ese día futuro encontrate una cajita con tus dientes de leche, un chupete, una mantita envejecida, las notas de todos tus cursos escolares y los dibujos que le dejaste a los Reyes Magos? ¿Te hará ilusión recuperar el primer conjunto de ropa que te pusimos el día que naciste, o la pulsera de la clínica, o la prueba afirmativa de embarazo que te precedió? ¿Qué querrás encontrar?. En las casas convivimos personas que lo guardan todo -por si acaso, por motivos sentimentales, racionales o que no tienen explicación- y personas que tendemos a eliminar con soltura cosas, en aras a un orden y un espacio más desahogado. Afortunadamente, en las casas se combinan estos modelos de individuos en proporciones similares.

Además, yo que soy expeditiva con la ropa, las cosas gastadas o en desuso dudo y dudo y finalmente guardo materiales de diversa índole. Por ejemplo, soy incapaz de tirar a la basura un recordatorio de un funeral, por lejana que fuera mi vinculación con esa persona. Me da un no sé qué. Y los guardo en un cajón o dentro de un libro. Mi marido no puede -literalmente- desprenderse de sus papeles y notas y almacena cantidades de archivadores, cintas, libretas, papeles sueltos… Aunque, en ocasiones, tengo terribles tentaciones, dejo intactas cada una de sus indescifrables notas. Forman parte de su vida en nuestro hogar.

¿Qué te haría ilusión encontrar cuando yo no esté y tú tengas que decidir? Si te lo guardo todo, podría abrumarte y empujarte a un impulso que te lleve a tirarlo todo en una enorme bolsa de basura. Si te dejo cuatro reliquias -tipo dientes y chupete-, puedo provocar un efecto pánico escénico (“¿Por qué guardaría esto?”) y si no te dejo donde remirar, te borro de un plumazo recuerdos aletargados en tu memoria. Qué difícil vivir y crear hogar año tras año, buscar cierto orden y acertar en los pequeños gestos cotidianos que pueden llevar un objeto al cajón de la cómoda o a la basura.

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