En un mundo perfecto, supongo que cualquier alimento natural, sano, fresco, atractivo a la vista, sabroso y liviano -es decir, las mismas virtudes que uno desea en su pareja- sería afrodisíaco, pero la realidad es bastante más enrevesada”, señala la escritora Isabel Allende en su libro Afrodita (Plaza y Janés). Leí este libro hace más de diez años. Me ha vuelto a la cabeza con los guisos de la cocinera del libro de Almudena Grandes. Y también he rememorado un libro que se remonta aún más en el tiempo: Como agua para chocolate de Laura Esquivel. Recuerdo que fuimos a cenar a casa de unos amigos y Asunción, la anfitriona, me lo regaló. Me encantó. Era un libro de relaciones humanas entremezcladas con aromas y guisos, una novela inscrita en el realismo mágico, que tanta fuerza tiene para grabar imágenes en nuestra memoria. Allí el guiso de unas codornices en pétalos de rosa desataba todo tipo de pasiones.

Sabemos que muchos alimentos están considerados afrodísiacos por su forma, color, aroma o fuerza. Se trata de alimentos habituales, muy en boga en nuestras dietas sanas y saludables, como la calabaza, la zanahoria, la rúcula, los espárragos o el aguacate. También el café y el chocolate, las ostras, los plátanos, fresas e higos. Y una infinidad de especias como el anís, la albahaca, cúrcuma, curry, jenjibre, laurel, perejil, orégano, salvia o tomillo. Los alimentos, su prepración y la puesta en escena son ingredientes que pueden crear un clima especialmente romántico y sensual.

Explica Isabel Allende que una vez soñó que se lanzaba en una piscina de arroz con leche, su postre preferido. Su hija estaba gravemente enferma y ella intentaba mitigar su angustia. El arroz con leche le ha quedado para siempre asociado a un tipo de terapia de consuelo. A veces cuando un alimento nos ha sentado especialmente mal queda para siempre aborrecido. También apartamos aquellos alimentos que ligamos a situaciones desagradables y saboreamos más los que nos evocan algo grato. 

Del libro de Allende saqué la receta de guacamole que hago en casa. Se maceran durante una hora una cebolla blanca y cortada a trozos pequeños, un chile verde picado, dos tomates rojos pelados y sin pepitas -también troceados-,  dos cucharadas de aceite de oliva y una cucharada de salsa inglesa. Al final peparamos una yema de huevo batida y una cuharada de zumo de limón. Incorporamos los aguacates pelados y chafados con un tenedor. Lo mezclamos todo y listo. El guacamole está ligado a un sentimiento festivo.

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