¿Recordais esas imágenes típicas del desierto en que de pronto se levanta una ventolera y se ven rodar una especie de bolas? Pues a mí ese fotograma me vuelve a diario. En invierno, dice la sabiduría popular, la ropa de abrigo, las mantas, alfombras y calefacciones hacen que se acumule el polvo y la pelusa. Cada día paso el aspirador. Es mi mejor aliado de limpieza. Succiona con fuerza todo tipo de restos, especialmente esas bolas de pelusa que se enconden bajo camas, sofás y muebles. A diario lo paso y a diario aparecen pequeñas formacionesetéreas en rincones. Si abres las ventanas para ventilar, esas formaciones salen a la luz con rapidez. Y ya tienes la imagen del desierto en tu casa.

Tengo además un pequeño apirador de mano, permanentemente conectado en la cocina. Es como mi tercer brazo. A la que veo una miga o un resto en el suelo, lo saco. Tanto el aspirador grande como el pequeño requieren un vaciado y limpieza con frecuencia para cumplir bien su función. Es mejor hacerlo en la terraza o galería y vaciar el contenido en una bolsa. Se suele levantar un poco de polvo en esta actividad por eso es recomendable cerrar la bolsa de inmediato. Una de las características que tiene limpiar la casa es que es una actividad constante. Además conlleva una redundancia: es muy importante que los intrumentos de limpieza estén limpios. Hay que repasar los cepillos del aspirador, los tubos, limpiar la escoba y la mopa.

He descubierto recientemente los nuevos recambios de fregona de microfibra -como las bayetas-. Me gusta después de pasar el aspirador pasar la fregona bien escurrida. El suelo de madera en invierno agradece un poco de agua para hidratarlo. La cerámica queda impecable. Este nuevo tipo de fregona es suave y de rápido secado. La compro en Mercadona aunque la comercializan muchas marcas. La fregona debe estar siempre en buen estado. Por eso, la cambio cada mes. Y las viejas las aprovecho para la terraza antes de tirarlas definitivamente.

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