Después de las fiestas el organismo pide tranquilidad. Han sido días de más comida, de productos especiales, de exceso de dulces y chocolates. Se impone de nuevo una dieta rica en verduras y frutas. Maravillosa. Lo digo de verdad, aunque a mis hijos les dé la risa. Necesito tomar hortalizas y verduras. El cuerpo me lo pide. Y si es bueno para mí, es bueno para toda la familia.Ya he vuelto a las tradicionales cremas. La de calabaza y la de calabacín son especialmente ligeras. Ambas las hago con un par de puerros rehogados en un chorro de aceite, después añado la verdura y un par de patatas medianas. Agua hasta cubrirlas. Un poco de sal y a hervir unos 20 minutos. Es importante que queden bien trituradas y que tengan una textura suave, que no peque ni por espesa ni por clara. Para conseguirlo, no hay que pasarse con el agua. Sólo la de zanahoria requiere más cantidad de líquido.

Las cremas son fáciles de tomar y en el caso de los niños es una buena fórmula para que tomen una buena cantidad de verdura. A algunas personas les cansa esta modalidad. Entonces hay que optar por otras cocciones como verduras en tortilla, salteadas al wok o al vapor. Las acelgas, las alcachofas, el brócoli o las espinacas son buenísimas pero hay gente a la que le cuesta digerirlas. La judía verde es más universal. Si le sacamos con un pelador las hebras laterales queda muy tierna. Cuando su precio se dispara en los mercados, podemos comprarla congelada. A mi modo de ver es la verdura que mejor resiste el paso de fresca a congelada.

El apio y la col son altamente depurativos.  Tienen efecto diurético y limpiador. Si preparamos un caldo vegetal con puerro, zanahoria, apio, chiribia, nabo, col y calabaza, podemos ir tomando tazas a lo largo del día y eso nos ayudará a “desempacharnos”. Es un buen hábito introducir a diario verdura en nuestra dieta y enseñar a nuestros hijos a descubrirlas: hay variedad y mil formas de presentación.

Enlace relacionado: Verde que te quiero verde

Anuncios