Ha llegado el momento de devolver a nuestras casas su aspecto habitual. Toca desmontar el árbol, guardar las velas de Navidad, recoger adornos dispersos por diferentes habitaciones, envolver manteles y toallas con motivos navideños…y sacar el motivo navideño de la puerta de entrada. Eso no lo hago hasta que sale la expedición de vuelta al cole. Me sentiría fatal si mi hijo pequeño me viera en ese trance. Sé que le provocaría una gran decepción. Prefiero evitarle esa imagen. Es importante ser meticulosos en la tarea de empaquetar la Navidad de un año para otro. Aconsejo guardar las cosas que están en buen estado y eliminar las que por diferentes motivos están deterioradas. Las piezas delicadas agradecen el papel burbúja.

Nuestro árbol se desmonta por piezas e hiberna en una caja de cartón que va a parar al tratero. Tengo una bolsa especial para las bolas, luces, estrella, etc. Algunos años mantenía la vieja costumbre de dejar el pesebre hasta el 2 de febrero. Pero últimamente lo empaqueto junto con el resto de cosas. Tengo unas toallas y un mantel con adornos navideños que también lavo y guardo. Hay que repasar más de una vez toda la casa para que no nos dejemos nada por en medio. Mi bolsa de “atrezzo” va a parar al altillo, que es ese lugar de las cosas imposibles. Ese espacio, que sólo nombrarlo, cansa. Te imaginas cogiendo la escalera, sacando maletas y cajas para recuperar lo que, casualmente, está en el fondo. Si de pronto aparece un angelito o un Papa Noel trepador, se convierten en un problema. ¿Dónde lo metemos?. Su caja está inaccesible. Y acabará abandonado en cualquier rincón, solitario y desubicado. También guardo en una caja que hizo en el cole uno de mis hijos los christmas de gente querida, con fotos o mensajes especiales.

La casa sin adornos parece de pronto más limpia y ordenada. Más minimalista. Me escribía mi amiga Gemma que estaba harta de barrer musgo y que el día 7 ya lo tenía todo guardado. Los espacios aparentan ser más amplios, con las sillas en su sitio, las mesas en su justa medida y los muebles sin fotos, velas o cajas de música. Sólo queda la planta de Navidad, que se resiste a abandonar el escenario. Aunque acostumbra a ir languideciendo hasta quedarse en un tallo con cuatro hojas verdes.

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