Con el día de Reyes llegamos a la última etapa de estas fiestas navideñas. Es una jornada que se vive con mucha intensidad en las casas con niños. Se inicia la tarde anterior con la asistencia a la cabalgata, la vuelta a casa cansados pero excitados, la preparación de dulces y bebidas para sus majestades y las tremendas dificultades para conciliar el sueño. Pero eso no es obstáculo para que nos depertemos temprano impelidos por una entusiasta voz infantil. Pocos días tienen tanta magia como éste. La ilusión de los niños impregna nuestra memoria y nos evoca aquellos años en que nosotros también fuimos pequeños y cándidos.

La comida del 6 de enero no es el eje central. Suele ser un día de comida fácil o encargada fuera de casa, que se remata con el tradicional roscón de Reyes. En la sobremesa siempre hay alguien que exclama que por fin se acaban las fiestas y las comilonas y que, pronto, recuperaremos la rutina. ¿La rutina que hace quince días anhelabamos romper?. Sí, la misma. La que da continuidad a nuestra existencia y la que nos permite soñar con transgredirla de vez en cuando.

Estas fiestas navideñas se van. El próximo año las encararemos con renovado entusiasmo para acabarlas de nuevo saturados. Pero hoy hay que vivirlo, hay que escuchar los relatos de los pequeños, ayudar a montar y a poner pilas a juguetes. Hay que recoger papeles, cartones y tickets. Hay que reubicar nuestras cosas para dar cabida a las nuevas. Y valorar qué afortunados somos porque cada año los Reyes Magos pasan por casa. ¡Feliz día de Reyes!

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