Las casas se despiertan tarde el primer día del año. Algunos atardecen, es decir, se levantan tan tarde que ya ha pasado la primera parte de la jornada. Este es un día que va ligado en mi memoria a la música del concierto de Viena y a la imagen del privilegiado público de esa audición siguiendo los compases de la última marcha con las palmas. Mientras esto transcurre en la pantalla de televisión, voy preparando la mesa para la comida. Tengo poca ayuda porque la mayoría duerme. Pero gozo de esa tranquilidad de las casas en silencio en un día nuevo de un año nuevo.

Hoy seremos quince personas a comer. Dos terceras partes son adolescentes, dormilones pero muy comilones. Así que he rustido dos piezas de “peixet” -parte de la ternera que siempre queda tierna y sabrosa- y preparo pasta, ensalada, pan con tomate y jamón, tortilla de patatas…espero saciar a estos gigantones/as y no quedarme corta.

Muchos empiezan el año con algún próposito relacionado con la comida. En una sociedad opulenta como la nuestra -incluso en la crisis- nos preocupa el exceso y la gordura. La comida diaria es un privilegio que ya no valoramos. Enseñar a alimentarse bien, sano y saludable, a disfrutar y compartir las comidas, a festejar y hablar en torno a una mesa es un buen objetivo también este año. Momentos de tranquilidad -como la imagen de la maravillosa pintora S.K. Lai que ilustra este post- o momentos de bullicio como nuestra comida de hoy. Que tengáis un poco de todo en el 2011.

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