E. nos invita a cenar. Vive en una casa antigua, con una regia portería, una escalera de mármol y un ascensor de otra época. Reúne a diez personas con algunos puntos de interés en común. No todos nos conocemos personalmente. Es viernes por la noche. Estamos relajados y distendidos y la velada se presenta como un buen inicio del fin de semana. De primero tomamos una ensalada de habitas a la menta acompañada de jamón serrano. Cuando algunos están repitiendo un poco más, ¡zas!, se apaga la luz. La anfitriona se levanta y a los pocos segundos reclama a su hermano, uno de los comensales, con fuerza pero sin dramatismo: “Ven, que se está quemando la cocina”.

Algunos nos acercamos a oscuras y abrimos los ojos, atónitos frente a una cocina en llamas. E. había dejado una salsa a fuego lento y se disponía a hacer unos magníficos filetes de carne a la plancha. En segundos la casa se convierte en un espacio copado por una densa humareda sólo perceptible por la luminosidad del fuego. F.capitanea la acción demandando mantas. No hay mantas. Las toallas servirán. Las lanza con fuerza sobre las llamas que ya llegan al techo. Alguien más interviene y tira agua con una jarra. Entre una cosa y otra se apaga el fuego. Entonces abrimos ventanas de toda la casa para poder respirar. Entra el aire frío de la noche. Recuperamos parte de la iluminación de la casa.

La anfitriona no ha perdido los nervios, no tiembla ni llora. Todos estamos alucinados. Llamamos a los bomberos. En pocos minutos se personan. Desmontan la campana extractora en estado de ruinas y eliminan cualquier posibilidad de que reavive el fuego con alguna chispa. Nos cuentan que son relativamente frecuentes este tipo de incidentes.

La lección que aprendimos en directo y que los especialistas nos imparten: en caso de incendio, hay que aislar el espacio. Nunca abrir la ventana. La entrada de oxígeno potenciaría la pira. Cerrar la puerta y llamar a los bomberos. Si uno cree que puede sofocarlo, echar alguna manta al fuego pero nunca agua a lo que ardía en la cocina. El extractor en marcha fomentó en este caso que alguna salpicadura de grasa estallara y se propagara la llama con facilidad. Es importante mantener siempre limpios los filtros de extracción. También lo es tener un seguro de hogar.

La velada no acabó. Se fueron los bomberos. El hermano de E. se fue a comprar pizzas y seguimos cenando como si tal cosa. Bueno no, mucho mejor, como si nos conociéramos de toda la vida. Hablamos de literatura y de política con pasión y sin pudor, con tanta intensidad como las llamas de la cocina. Nos fuimos de madrugada estupefactos por lo que habíamos vivido y por la actitud de la anfitriona, digna de una heroína de película.

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