Con el otoño llegan las primeras lluvias y los días en los que al agua se le suma el viento. Mala combinación para ir de un sitio a otro a pie. Si antes de salir de casa observamos el cielo y vemos que está muy negro y que amenaza tormenta, lo más sensato -en mi opinión- es prepararse. Con un buen calzado, una buena pieza de abrigo y un paraguas ya podemos afrontar el temporal. Las nuevas generaciones -lo veo en mis hijas y sus amigos- no consideran que la lluvia tenga suficiente autoridad para hacerles cambiar de indumentaria. Y lo del paraguas, ¡ni hablar! Fijaos cuánta gente joven se empapa bajo la lluvia desafiando a sus defensas y quizá absorviendo los beneficios del agua del cielo.

Los paraguas en casa son un caso. En la entrada, tenemos un paragüero sito en un discreto rincón. Allí se acumulan paraguas buenos y malos, grandes, medianos y pequeños. El poco interés que despiertan estos objetos hace que muchas veces los olvidemos en algún transporte público, tienda o casa ajena. Si la lluvia nos sorprende, también lo hacen vendedores ambulantes que proliferan en todas las zonas comerciales de la mayoría de ciudades. Entonces, compramos uno para salir del paso por tres, cuatro o cinco euros. Suelen ser paraguas resultones de entrada pero que a las primeras de cambio se curvan con el viento y se convierten en un espectáculo dantesco de varillas torcidas y fuera de sitio.

De vuelta a casa, ¿qué hacemos con el paraguas empapado?. Hay que tener clara la estrategia para no dejar un reguero de agua por todo el suelo. Yo suelo dejarlo en el rellano mientras me quito el calzado y el abrigo. Después vuelvo a por él, con un cubo o bayeta y lo traslado a la terraza. Lo abro para que se seque bien y cuando ya no hay rastro de gotas, lo doblo y lo meto en el paragüero. Si viene gente de fuera, va allí directamente. Por eso es útil que en su base tenga un espacio para recoger el agua. Os recomiendo que de vez en cuando hagáis una buena limpieza de paraguas y fundas que se van acumulando en el fondo. Así al salir de casa no hay que adivinar cuál está en condiciones y cuál no. Mi amiga Yolanda propuso a sus vecinos de rellano compartir paragüero. Esta iniciativa que también vi en casa de mi hermano en Milán me gusta.

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