Laura, seguidora y comentarista habitual del blog, me sugiere que hablemos de café. Buena idea. La verdad es que como soy de infusiones no soy una experta en el tema. No puedo opinar desde el paladar pero sí como espectadora.

Al principio de mi matrimonio nos fuimos un año a vivir a los Estados Unidos. Mi marido, un cafetero empedernido, metió en el equipaje una cafetera italiana de toda la vida. No se veía capaz de subsitir a base de café americano. Al volver, la cafetera se quedó de regalo en la casa que alquilamos. Y aquí compramos una melita, esas máquinas permanentemente conectadas que salen en las películas americanas y que proporcionan un café muy aguado. La actitud de mi marido es de auténtica adaptación al medio. Con la proliferación de las cafeteras Nespresso nos pasó lo mismo. Hubo resitencia. Pero finalmente, compramos una.

Me pregunto si el tema Nespresso es una moda o si su generalización responde a un criterio de calidad de café. Tanta gente no puede estar equivocada. Quizá mi cuñada Pilar me pueda responder qué piensan los italianos: ¿han dejado el café Illy y Lavazza y se han pasado al de George Clooney? Entiendo que el atractivo de Clooney y la buena factura de la publicidad (What else?) haya acabado convenciendo a más de uno. Desde el punto de vista estético, funciona. Queda bien en nuestras cocinas. Si todo el mundo no quiere el mismo tipo de café, también funciona. Permite el uso individualizado. En contra está el elevado precio de la máquina, la esclavitud de abastecerse de cápsulas en los puntos de venta autorizados y el dilema ecológico de cómo deshacerse de las ya usadas de forma correcta.

Nespresso nace en el seno del grupo Nestlé, líder en el mercado de café instantáneo -Nescafé-. En los años 80 el grupo compró la patente de fabricar café en monodosis a una empresa del sector y se pusó a desarrollar la idea. La novedad radicaba en vincular cafetera y café en un mismo paquete. El primer intento no funcionó. En los últimos diez años el éxito ha sido absoluto. ¿Ha triunfado el marketing o la calidad del café?

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