Carmen está en casa recuperándose de una operación, después de someterse a un duro tratamiento. Yolanda también está ganando fuerzas tras una intervención. No es la primera vez que pasa por esto. Mercedes lleva tres semanas sin salir a la calle aquejada de un virus. Y una tía mía hace ya seis años que prácticamente renunció a la vida más allá de su hogar, después del fallecimiento de una de sus hijas. Cuántas y cuántas casas, de esas que vemos por la calle al pasear o ir en coche, albergan en su interior historias de personas enfermas que pasan las horas en su interior.

La mayoría de los mortales deseamos estar en casa cuando nos encontramos mal. Incluso las personas que por temas de gravedad se ven obligadas a estar varios días hospitalizadas, ansían oír la noticia por parte de su médico de que ya pueden irse a casa. Esa es la gran frase, la sentencia que marca el inicio de la recuperación. Cuando llegamos a casa, nuestra cama, nuestro sofá, las sábanas, las toallas…etc nos proporcionan seguridad y cobijo. Hogar, dulce hogar. Nuestros hogares son el refugio para esos momentos de debilidad. Tenemos garantizada nuestra intimidad y nos arropa el cariño de los nuestros. Es el mejor entorno para recuperar las fuerzas.

El hecho de tener la casa bien organizada es esencial en estas circunstacias. Si todo está limpio y en orden, si hay una dinámica de compras y organización, el enfermo se benefia de todo ello. Y sentados en el sofá, arrullados en una manta, contemplamos nuestros referentes domésticos y dormimos en paz. ¡Estamos en casa!

Y a pesar de ese bienestar, nos falta algo. El descanso obligado no tiene nada que ver con el deseado, ansiado o añorado cuando estamos activos y bien. Entonces anhelamos minutos para leer, ver la tele, jugar, navegar en Internet o cocinar un plato especial. Ahora tenemos el tiempo pero muchas veces nos fallan las fuerzas y las ganas. La normalidad de nuestras vidas nos ciega para disfrutar de esos placeres. Y al parar, valoramos las rutinas de nuestra existencia. Deseo que todos aquellos que estéis en casa por motivos de salud podáis ir disfrutando de los placeres del hogar, y que muy pronto podáis recuperar el ritmo de vuestras vidas.

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