Uno de los muchos placeres que proporciona el hogar consiste en ducharse tranquilamente y al salir envolverse en una toalla grande, mullida, esponjosa y con buen olor. Para conseguirlo hay que cuidar algunos detalles. Todo empieza por compar una buena toalla. Las toallas de casa  deben ser generosas de medidas, de un buen rizo y de un tono o diseño que ayude a decorar nuestro baño. Y, esencialmente, deben secar bien nuestra piel sin dejar motas y restos de pelusa. Las toallas que compramos para meter en las bolsas de deporte y de gimnasia son otro cantar. Mejor que sean más finas, menos voluminosas y económicas. Como las que ponemos en el equipaje de las colonias de nuestros hijos. Hay que ser prácticos: comprarlas de colores sufridos, ligeras y baratas. La posibilidad de que se pierdan es alta.

Hay quien prefiere enfundarse en un albornoz, pero los cuidados son los mismos. Antes de estrenar la ropa del baño hay que lavarla en casa. Es importante porque le conferimos nuestro aroma, el que impregna nuestra colada por la combinación de productos que utilizamos. Los fabricantes recomiendan no utilizar suavizante los dos o tres primeros lavados. Después para una buena conservación os recomiendo que hagáis una lavadora sólo de toallas, con agua fría , poco jabón y poco suavizante. El abuso de estos productos apelmaza las fibras y vuelve las toallas más rígidas y rugosas. Al sacarlas de la lavadora hay que sacudirlas de una en una. Si las tendemos, hay que extenderlas bien y rectas para que no se deformen. Yo que soy muy poco dada a utilizar la secadora, reconozco que su secado es el que mejor tacto deja en estas prendas y el que conserva mejor el aroma a limpio.

El otro día probé un truco que había leído para mejorar el tacto de las toallas: lavar las toallas con un poco de vinagre -también se recomienda dejarlas en romojo y después lavarlas en la lavadora-. Me temía un olor terrible pero quedaron bien, sueltas y suaves. Podéis probarlo. Es importante que ventiléis a diario las toallas. Si cojen olor a humedad es muy díficil acabr con él.

De estudiante, trabajaba en vacaciones en El Corte Inglés en la sección de toallas. Era un gustazo ver la cantidad de modelos y de diseños que allí había. Allí aprendí a doblar meticulosamente las toallas. Creo que es mejor tener un par o tres de juegos buenos que muchos desgastados y ásperos. En los meses dedicados a la ropa del hogar o en algún outlet podemos renovar cada cierto tiempo los juegos de toallas para lucirlos y disfrutarlos en nuestros baños. Me gusta comprar toallas de tocador para poner un montoncito en la encimera del labavo cuando vienen invitados.

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