Llevo unos días haciendo oídos sordos a una petición de mi hijo pequeño. Me reclamaba unas gomas con formas que llevan, según él, todos los de su clase a modo de pulseras. La insistencia infantil es tan persistente que ayer investigué un poco el tema. Pregunté en varias librerías y kioscos por las gomas. Todo el mundo sabía de qué estaba hablando, pero estaban agotadas. Incluso, se lo comenté a mi amiga Isabel, que tiene una hija pequeña y también sabía de qué iba el tema. Ella se sumó a la tarea de buscarlas para darle una alegría a mi hijo. En todos los sitios que preguntó encontró la misma respuesta: ¡agotadas! Al final, camino del colegio para recoger al peque, las encontré.

Se trata de unas bolsas con una docena de gomas -tipo pollería- en diferentes colores. Cada bolsa tiene un tema: animales, coches, frutas, princesas…Mi hijo ya va a la moda. Y, generoso, ha cedido algunas a sus hermanos mayores, también al corriente de esta tendencia. Está claro que es un invento que se ha puesto de moda. Misterio: a quién se le ocurre una cosa así, quién la comercializa y cómo se convierte en un fenómeno de moda sin ningún tipo de promoción mediática.

No hace mucho haciendo limpieza de juguetes me encontré con una gran caja llena de unas piezas redondas llamadas tazos con las que jugaba otro de nuestros hijos. También pasamos la época de unas figuritas denominadas gogos que coleccionaba nuestra hija mayor. ¿Resisten estas modas el paso del tiempo como el parchís o el juego de la oca?. No rotundo. Son tremendamente efímeras. Lo que me lleva a deshacerme de estas colecciones cuando hago limpieza de juguetes sin sentimentalismo. Otro tema son las interminables -literalmente- colecciones de cromos. Cromos de películas, de ligas de fútbol, de muñecos varios que salen por la tele. Son una pesadilla. Encuentro cromos por toda la casa.Y no sé si tirarlos o no. Y apenas se intercambian los cromos repetidos como en nuestra época.

¿Jugamos a las modas?. La bolsa de gomas vale 1.90 euros. ¿Será suficiente con comprar una bolsa?. Me temo que no. El parchís, por un lado, y juego de la oca, por el otro, que tengo de casa de mis abuelos, les encanta a todos. Yo veo un poco desfasados los dibujos pero todos los entienden y se divierten. Ese sí que es un gran invento. Como las cartas de toda la vida.

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