Cuando ya hemos arrancado el curso y hemos superado esos días malos de adaptación de sueño, comida y trabajo, aparecen de nuevo los libros. Reaparecen los libros del curso escolar de nuestros hijos. En el colegio han revisado que compramos los acertados, que era la edición correcta y que no faltaban ni sobraban páginas. Y, ahora, de nuevo la pelota está en nuestro tejado. Hay que forrar los libros. He visto discutir a algunas familias por este tema. He percibido cierta tensión entre parejas con más de un hijo, con poco tiempo y menos ganas para afrontar la tarea de forrar un buen montón de libros.

Parece que en las casas suele haber una sola, y única, persona dotada para este trabajito. Esa persona lo hace bien porque con los años ha cogido experiencia, porque le gusta y disfruta o porque sino lo hace ella no lo hace nadie -y puestos a hacerlo, se esmera-. ¿Esa es ella? ¿Es mujer la persona que forra los libros?. En mi entorno, sí. Mujeres que después de su jornada de trabajo se plantan en una mesa dos o tres noches a forrar los libros de sus hijos. Y son capaces de hablar con los demás o de seguir una serie de televisión.

Cuando éramos pequeños, vendían en las papelerías fundas de plástico de diferentes medidas. Duraban lo que duraban. Se rasgaban, soltaban o perdían. Después entramos masivamente en la era aironfix. Pero, como dice Lourdes, aironfix es un genérico. Y no todos los rollos que compramos son iguales. Hay varios grosores y texturas. Unos mejores que otros, generalmente más caros. Al empezar a forrar el primer libro, vas despacito, midiendo aquí y allá, revisando con un cúter las esquinas, intentando que sobre la misma cantidad de un lado que de otro. Poco a poco vas cogiendo el ritmo. No permitas que nadie se queje a tu lado de si quedan burbujas o dejan de quedar. Los pliegues se pueden corregir. Levantas el plástico y vuelves a colocarlo. Las burbujas se van disimulando con el peso de los otros libros encima. Y hay quien disfruta jugando con ellas.

Eulalia, educadora veterana, nos ha liberado este año de forrar libros. Dice que las tapas son duras y que llevan espiral. No lo ve necesario. Su iniciativa ha sido recibida con entusiasmo por las mamás que tenemos más de un hijo en edad escolar. Un montón menos. También llega una edad en que nuestros hijos piden forrarse ellos mismos los libros. Traspasemos el relevo sin miedo.

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