En Barcelona se pueden visitar dos exposiciones del pintor mallorquín Miquel Barceló. Una, en Arts Santa Mònica, que recoge trabajos de sus inicios (1973-82). Y otra, en CaixaForum, titulada La solitude organisative -nombre de una obra de 2008, retrato de un gorila sentado-. En esta exposición se muestran obras de un Barceló reconocido y consolidado (1983-2009).

Los cuadros de Barceló tienen una gran fuerza visual, no sólo por las dimensiones grandiosas de sus cuadros, sino también por lo matérico y orgánico que hay en ellos. En sus motivos y en sus texturas. Barceló ha comparado la cocina con la pintura. Recuerdo que cuando estuvimos este verano en elBulli con Ferran Adrià, éste nos habló de Barceló. Se conocen y admiran. Al contemplar sus cuadros, especialmente aquellos en que la comida está presente, veo una conexión entre ellos. Dos genios que hablan de cosas tan cotidianas como los alimentos pero que las elevan a una categoría artística con sus trabajos.

Me llama la atención un cuadro titulado La gran cena española, donde con mis hijos observamos una paella, mejillones, sepias y calamares y casi percibimos el aroma de lo que allí se está cociendo. Nos resulta atractivo el Bodegón rosa, donde descubrimos hortalizas y frutas que casi se pueden coger con la mano. En los cuadros de Barceló hay papaya, mango, melón o pimiento verde. Son piezas exuberantes, abiertas, accesibles y reconocibles. El mundo del mar está también en muchos de sus cuadros. En el apartado “los cefálopodos en la oscuridad” descubrimos cetáceos, peces, calamares y diferentes especies.

La exposición aborda otras temáticas como el retrato, ilustraciones para La Divina Comedia de Dante, o sus paisajes de Mali. En la última sala, un cuadro representa la gran galería del Louvre. Es un cuadro que nos hace caminar hacia un mundo del arte sin límites.

Más información sobre la exposiciónen www.laCaixa.es/ObraSocial

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