Cada año por estas fechas leemos en periódicos y revistas artículos sobre el llamado síndrome post-vacacional. Éste se caracteriza por una falta de adecuación del individuo a la rutina profesional tras las vacaciones. Mientras escribo me voy auto-analizando para comprobar si  puedo hablar con claridad del tema. No tengo claro si estoy entre el porcentaje de los afectados o en el grupo de los que van y vienen sin más problemas. No estoy segura de dónde está la frontera. Dicen los expertos que es importante que durante las vacaciones hayamos desconectado de las problemáticas y dinámicas que nos acompañan todo el año. Ahí no creo haber cumplido el requisito.

Estar de vacaciones no quiere decir no hacer nada sino hacer otras cosas, disfrutar de actividades que nos son vetadas a lo largo del año y dejar que el cuerpo y la mente se relajen. En el ámbito doméstico, las vacaciones están ligadas a un cambio de paisaje. A mí, el de la montaña con su contraste de verdes, sus cielos saturados de azul, de nubes, de grises plomo y de estrellas me proporciona una energía que no tengo en invierno. El relajo me lo da la posibilidad de cambiar la rigidez de los horarios, de poder improvisar una comida en el campo, o de pasar la batuta a otro miembro de la familia con iniciativa, que esté motivado ese día para ofrecernos unas crepes o un arroz a la cubana.

Creo fervientemente que para evitar traumas, la organización es básica. Hay quien prefiere tirarse a la piscina de golpe y no poco a poco. Estas personas aducen que el impacto es el mismo. En temas domésticos la desaceleración funciona. Es decir, los últimos días vamos organizando el cierre de la casa y preparando la vuelta a casa. Sabemos que a nuestro regreso encontraremos las cosas en condiciones. No es nunca una transición descansada. Trabajo hay, pero bien programado se lleva mejor. Volvemos con la ropa lavada y planchada. Una cesta con restos de comida nos ayudará los primeros días. Y así, poco a poco, recuperamos el ritmo.

Finalmente para no caer en un estado depresivo y ansioso es recomendable seguir con alguna de las actividades del verano, mantener un cordón umbilical a través de la lectura, los paseos, la natación o la siesta. Empecemos la temporada con buen pie. ¡Bienvenidos a vuestras casas!

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