Al principio del verano compré unas plantas con flores. Durante el mes de agosto las flores fueron cayendo y ahora, de nuevo, rebrotan. Parecen indicar un final de ciclo. Se están acabando las vacaciones. Empezamos a entrar en una fase nostálgica y contradictoria. Por un lado, desearíamos tener más días por delante para hacer cosas pendientes. Por otro, buscamos volver a la rutina de nuestras vidas y anhelamos el cambio de estación con sus nuevos aires, frescores y tonalidades.

Al empezar las vacaciones familiares nos repartimos las tareas y hablamos de corresponsabilidad en los trabajos de casa. ¿Cuál es el balance? Es positivo. Todos han aportado su granito de arena. Podríamos decir que éste ha sido un curso de iniciación. Hay que trabajar más la idea de que para disfrutar de la vida en casa todos debemos arrimar el hombro. No es un castigo pedir a un hijo que ponga la mesa, vacíe el lavaplatos o tire la basura. Para nada. Es una responsabilidad para que todos podamos disfrutar de los placeres del hogar y además tener tiempo libre.

Los vicios adquiridos y las inercias establecidas son difíciles de cambiar, pero no imposibles. Como ama de casa de profesión tiendo a mirar con lupa las tareas de los demás. Para que las vacaciones funcionen hay que hacer la vista gorda en más de una ocasión. Para aquellos que no saben dónde está el detergente de la ropa, la escoba o la tabla de planchar es recomendable que pregunten y atiendan. Que registren la información y participen en las dinámicas domésticas. La corresponsabilidad se trabaja. En nuestra familia estamos en ello. Nos queda todavía mucho por aprender a todos. Pero ya sabéis que el saber no ocupa lugar, y menos en nuestras casas.

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