Fuimos a recoger a nuestro hijo a la casa de colonias donde había pasado la última semana. Era el pasado domingo y, a las pocas horas, la selección española jugaba la final del Mundial contra Holanda. Teníamos previsto ver el partido y celebrar lo que fuera en casa con familia y amigos. Era algo histórico y un motivo para disfrutar de un respiro en este caluroso mes de julio en la ciudad. No había tiempo para muchas cosas. Tengo por costumbre, cuando llegamos de una salida, deshacer las maletas lo antes posible, hacer un maratón de lavadoras y plancha para que todo vuelva a su sitio. Con este método, parece que mantengo el equilibrio entre vida diaria y orden. De lo contrario, las bolsas son el recordatorio permanente de que hay algo por hacer.

Pero en la autopista de regreso a casa, con el tráfico denso, incrementando la emoción por llegar a tiempo a casa para ver el inicio del partido, la bolsa de las colonias de mi hijo parecía entonar la canción de Mecano “No me mires, no me mires, déjalo ya…”. Le hice algunas preguntas de tanteo a mi hijo, tipo: “¿Te has lavado cada día los dientes?,”¿has metido todo en la bolsa?”, “¿te pusiste alguna noche la sudadera?”… Me encuentro con respuestas como: “no siempre”, “sí” o “cogí la sudadera negra para camuflarme una noche en el bosque”. Bien. No quiero saber mucho más de momento. El año pasado cuando abrí la bolsa me dio algo. Entonces él, quizá leyéndome el pensamiento y desmostrándome que los años no pasan en balde, me dice: “Este año no he mezclado la ropa mojada con la seca” (ni la limpia con la sucia, deduzco). Respiro hondo. Genial.

En el momento de hacer la bolsa es muy importante hacerla con el niño o la niña delante para que sepa lo que lleva y para qué lo lleva. Hay que ser muy didáctico y repetir más de una vez los mensajes para asegurarnos de que luego los tendrán presentes. He aprendido a ponerle ropa muy cómoda y no muy nueva. Guardo durante el año camisetas varias de propaganda que son muy útiles para estas ocasiones. Por supuesto, me ha quedado claro que la ropa más nueva y delicada se queda en casa. También le pongo calcetines de deporte que pueden acabar sin remordimiento en la basura (En Carrefour venden packs de tres pares que no valen ni dos euros) y la ropa interior más vieja. Todo limpio y digno pero sin florituras. Lo mismo con el calzado: las bambas, que hay que rematar, van; las últimas, se quedan).

Abrí la bolsa y aunque no estaba precisamente ordenada, no te tiraba de espaldas, como el año pasado. Ahora ya está todo en el armario limpio o en la basura, sin disgustos. La experiencia es un grado. Y tanto mi hijo como yo hemos aprendido a hacer la bolsa para las colonias.

Enlace relacionado: Hacer y deshacer maletas

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