Hablabamos de pasar revista a la despensa en esta época del año. Hay que hacerlo también con la nevera. La combinación de altas temperaturas y alimentos es peligrosa. Debemos ser muy meticulosos con la conservación de los alimentos si queremos evitar problemas que pueden hacernos pasar más que un mal rato. Las neveras actuales con el sistema no frost han aparcado el deshielo que debíamos hacer un par de veces al año. Pero tanto avance y tanta facilidad hacen que nos olvidemos que la nevera requiere unos cuidados mínimos para su correcto funcionamiento. Es curioso: cuanto menos tenemos que hacer, menos hacemos. Hay que retirar la nevera de su ubicación habitual, desenchufarla  y limpiar la parte de arriba y los laterales, también pasar el aspirador para recoger el polvo que se acumula en la zona del motor.

Empecemos por la fachada. En nuestro caso está plagada de imanes y de papeles con números de teléfonos o recados importantes, que a veces caducan invisibles ya a nuestra atención. Es el momento de sacarlo todo. Paso una bayeta húmeda con un poco de jabón y luego la seco con un trapo blanco. En ocasiones, he tenido la tentación de guardar todos los imanes y dejar las puertas blancas impolutas, pero cada imán tiene una historia y además nos hemos acostumbrado a su colorido. Corrió la leyenda de que tanto imán podía afectar a la calidad de los alimentos. El desmentido categórico corrió a cargo de nuestro amigo pediatra. Y lo que él dice, en nuestra casa, va a misa.

Pasemos al interior. Saco estantes y cajones. Los enjabono, aclaro y seco. Me entretengo especialmente en los compartimentos interiores de la puerta donde colocamos mermeladas, salsas y hasta medicinas. Tradicionalmente esas partes blancas las limpio con agua y bicarbonato. Al vaciar el interior de la nevera descubrimos algunas latas o botes caducados que hay que eliminar o cosas empezadas en mal estado. Es un buen momento para ordenar los productos: bebidas, yogures, embutidos…Las verduras y frutas tienen destinados un par de cajones así como los productos frescos.

Si vamos a estar unas semanas fuera de casa, no vale la pena llenar la nevera. Es preferible dejar lo justo. Más de una vez ha caído la tensión eléctrica en verano dejando para el traste todo lo que había en el frigorífico y apestando la casa una larga temporada. Como en la despensa, es momento de recurrir a las reservas para vaciar. Cuando voy a una casa me fijo mucho en cómo tienen la nevera. Creo que es una radiografía de los que viven en ella. Vemos lo que comen y lo que no comen, el orden o el desorden, la forma de guardar, cortar o conservar.

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