La aparición de la televisión en los años 50 supuso un verdadero avance en el terreno audiovisual. Las primeras en blanco y negro, quince años más tarde en color. Mi hermano Javi apuntaba ya maneras de ingeniero de Telecomunicaciones en su más tierna infancia cuando empapeló nuestra casa con unas pegatinas que decían: “Queremos una Elbe Sharp ya!”. En espejos, pomos y puertas aparecía el reclamo. Y lo consiguió. Así entró la televisión en color en nuestra casa. A partir de ahí los cambios han sido múltiples: proliferación de cadenas, novedades en la conexión, avances en la definición de la imagen, aplicaciones complementarias, etc. Hasta llegar a nuestros días. Hoy por hoy se impone la televisión de pantalla plana, acabados en negro, con TDT incorporado -por supuesto- y cuanto más grande mejor.

Parece impensable que en una casa no haya como mínimo un aparato de televisión. Pero tenemos amigos sin tele, que viven sin ella. Eso sí, tienen cerca familia o amigos para ocasiones especiales como el Mundial. La televisión tiene un enorme atractivo. A cualquier niño pequeño lo pones frente a ella y queda hipnotizado. No debatiremos sobre los contenidos ni sobre las “dosis” aceptables o nocivas de estar frente al aparato. Quería abordar el tema de la presencia de la tele como elemento decorativo. Muchos salones están presididos por una televisión. Por cuestiones de comodidad y espacio parece el lugar más indicado aunque estéticamente no acabe de encajar. Los que tienen una casa grande pueden destinarle otra estancia dando así más entidad al salón. Existen inventos varios para camuflar su presencia como falsos armarios. Mis tíos tenían un apartamento en el extranjero que nos prestaban en Semana Santa. Allí había una mesa camilla con un botón escondido que servía para que apareciera o desapareciera la tele. Era una gran diversión para mis hermanos y para mí accionar aquel interruptor y que surgiera la pantalla.

La tele comporta una serie de elementos complementarios como una mesa o mueble para colocarla, mandos, películas infantiles, de adolescentes o series. Hay que buscar elementos decorativos apropiados y que permitan ordenar todo ese material. Los jóvenes se enganchan a series tipo “Perdidos” o “Anatomía de Grey” pero las miran en la pantalla del ordenador. Mi marido y yo nos hemos aficionado a seguir series como alternativa a la programación diaria de las cadenas. Acabamos de repetir las siete temporadas de “El ala oeste de la Casa Blanca”. ¡Fantástica!. Al final de la jornada te apalancas en el sofá y sabes que tienes asegurada una sesión de tele de calidad. Esa es otra estampa del hogar.

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