Cuando llega el verano y se acerca la fecha en que nos vamos de vacaciones, dejando por unos días nuestra casa cerrada, es hora de pasar revista a la despensa. Tener una despensa bien abastecida es uno de los requisitos de una buena organización doméstica. En caso de imprevistos una despensa nutrida de productos nos saca de apuros y nos permite improvisar cualquier comida. En ella no pueden faltar los llamados productos de primera necesidad. Por eso, suelo comprar cada mes un par de kilos de azúcar, harina, pasta o arroz, así como reserva de leche, aceite, galletas, café o cacao. También aprovecho las ofertas de cosas más especiales para tenerlas por si se presta la ocasión. Pero ahora hay que desacelerar. Os recomiendo echar un vistazo a vuestras reservas y planificar los últimos días antes de vacaciones para ir acabando cosas empezadas o casi caducadas. No tiene ningún sentido que llenemos una despensa con cosas que no utilizaremos en un mes. Las fuertes temperaturas pueden también afectar al buen estado de algunos productos. En esta época pequeñas migas pueden atraer a hormigas o a otros visitantes menos agraciados.

Vale la pena dedicar un rato a:

-Vaciar la despensa encima de una mesa .

-Revisar la caducidad de los productos y ordenarlos en función de los que tienen la fecha más cercana.

-Limpiar los estantes con agua con un poco de jabón, aclarar y secar bien. A veces algunas latas o botes dejan cercos pegajosos.

-Ordenar lo que nos queda por afinidad de productos: pastas y salsas, mermeladas y galletas, aperitivos, infusiones y cafés…

-Eliminar cosas caducadas o aquellas que sabemos que no utilizaremos más.

Este reordenamiento nos permite ahorrar en el presupuesto de estos días. Nos será más útil tener ese dinero en el bolsillo para cuando tengamos que comprar en nuestro lugar de veraneo. Sabemos por experiencia que en verano gastamos más. Debemos buscar combinaciones que nos solucionen platos con lo que nos queda en la despensa para ir eliminando cosas antes de irnos. Y puestos a hacerlo podemos presentarlo de forma cuidada y atractiva, que no parezca que ponemos los restos encima de la mesa. No es cuestión de vaciar botes y cajas y quedarnos a cero pero sí que podemos minimizar al máximo. Siempre debe quedar “el set de supervivencia”, que diría mi amiga Elena, por si debemos pasar por casa algún día en medio del verano. Si anotamos en una libreta lo que queda nos será útil cuándo pasadas unas semanas de desconexión volvamos a casa y nos planteemos qué dejamos en la despensa para el aterrizaje.

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