No hay duda de que el trabajo del ama de casa es cansado. Algunas personas que no se dedican a esto y que algún día les ha tocado trabajar en las tareas domésticas lo definen como “agotador”. A pesar de que los trabajos de casa nos llevan a estar en movimiento la mayor parte del tiempo, ese movimiento quema muy pocas calorías. Las estadísticas recogen que, por ejemplo, pasar el aspirador una hora sólo consume 250 calorías. Existe una forma muy disciplinada de trabajar el cuerpo a la par que hacemos las camas, limpiamos el baño o planchamos la ropa. Consiste en hacer series de contracciones en el abdomen o en los glúteos para fortalecer esas zonas y además trabajar la respiración. Pero eso sí que resulta agotador.

El ama de casa puede evitar dolores musculares y articulares corrigiendo malas posturas o algunos vicios como agacharse de golpe sin flexionar las piernas o no protegiéndonos las manos con guantes al usar agua fría.” El mal del tenista” también lo padecen las personas que trabajan en casa y que realizan muchas tareas forzando las muñecas. Así como las lumbalgias que provocan coger exceso de peso. Está en nuestras manos cuidar esos aspectos y delegar algunas tareas para que esas dolencias no se conviertan en crónicas.

Los que estamos en casa somos también más propensos a sufrir pequeños accidentes como quemaduras cocinando o planchando, rasguños con las plantas, cortes con utensilios de cocina o alergias con determinados productos de limpieza. Las prisas son malas aliadas para conservar el tipo. A veces la precipitación nos lleva a pequeños desastres que pagamos en nuestra propia carne. Como en tantos otros campos, hay que contar hasta diez y actuar con tranquilidad. Y donde no se llega, no se llega.

La posibilidad de hacer ejercicio físico de forma regular es la mejor solución para que nuestro cuerpo esté activo y sano. Hay etapas en las que no hay tiempo para extras. Entonces es cuando nos proponemos ir a buscar a los niños caminando o hacer los recados de la casa trazando un itinerario que nos permita andar como mínimo media hora. La bicicleta estática y la tabla de abdominales es otra opción. Pero implica mucha voluntad y quedarte con el mismo paisaje. Afortunadamente llegan años en que los horarios de casa te permiten poder ir un par de días al gimnasio o a nadar. Y eso sienta fenomenal.

Estar en casa no te condena al descuido físico ni a la constante tentación de abrir la nevera para picar. Podemos invertir esas tendencias, tan comentadas en algunos estudios sociológicos. ¿Cómo lo hacemos? Viviendo, trabajando con optimismo, ganas y profesionalidad. Por lo tanto le damos la vuelta a la tortilla: cuido mi imagen y aprovecho que estoy en casa para comer tan sano como el que más.

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