El otro día Laura, asidua de este blog, comentaba que teníamos olvidadas a las aceitunas y nos hablaba de lo estimulante que le resulta comprar a granel unas negras de Aragón o unas partidas de Caspe. Sus palabras me llevan a escribir estas líneas. Las aceitunas en casa están asociadas al aperitivo aunque suelo incorporarlas en diferentes tipos de ensaladas. Me he acostumbrado a comprar en el super las latas que indican “suaves” o bajas en sal. Suelo trocearlas pacientemente en una madera y con una latita pequeña tengo suficiente para incorporar a una ensalada verde, de arroz, de pasta o de lentejas.

Las aceitunas a las que se refería Laura se compran en tiendas especializadas y en los puestos del mercado. Hay una variedad increíble. Contra gustos no hay nada escrito: a unos les gustas grandes y a otros pequeñas; a unos picantes y a otros suaves; a unos con hueso y a otros sin, a unos aliñadas y a otros sin. Y todas las combinaciones posibles. En casa gustan las de sabor de anchoa, las sevillanas, las de cocktail y las arbequinas. Las negras no tienen demasiado éxito. Pero una vez unos amigos griegos nos trajeron las típicas del Peleponeso, Kalamata, y tuvieron mucho éxito. Al igual que su tapenade. En un buen aperitivo unas buenas aceitunas siempre apetecen. Las gordal son atractivas por su tamaño gigante y las picual las de mayor producción en el mundo, de las que se extrae un sabroso y afrutado aceite. Otro día hablamos de aceites.

Entre sus propiedades beneficiosas está su poder antioxidante, su contenido en ácido oleico que va bien contra el colesterol y su aporte de minerales. Está indicado en personas con problemas de apetencia porque estimula el apetito y con problemas cardiovasculares, también como prevención de enfermedades tipo Alzehimer. Sin embargo, por su alto contenido calórico, se recomienda tomarlas de forma moderada. Mi amigo Albert no puede soportarlas. No creo que quiera saber nada de ellas. Ni en foto. Dice que le viene de la infancia. Curioso. Porque en cualquier aperitivo los niños se lanzan sobre ellas y las cogen de tres en tres. Recuerdo que en uno de mis embarazos me dio por comer aceitunas y saborear al máximo el hueso. La sabiduría popular dice que van bien contra el mareo y que chupar durante unos minutos un hueso ayuda a reducir el estrés y la ansiedad.

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