La petunia está considerada la planta más cultivada. Las vemos en muchos parques y parterres públicos y también en jardines particulares. Su origen está en Brasil y Argentina. Este año para renovar las jardineras de mi terraza he optado por petunias blancas para sustituir al ciclamen también blanco que tenía. Los ciclámenes estaban languideciendo progresivamente, perdiendo sus flores y amarilleando sus hojas. Ya habían cumplido sobradamente su tiempo de duración. Pero al sacarlos me ha dado pena.

La orientación de nuestra casa hace que tengamos una fuerte exposición de sol desde el mediodía y durante toda la tarde. Las petunias resisten muy bien el sol. Me comenta Cristina, mi florista, que hay que regarlas a menudo sin mojar la flor y que les va bien que les pongamos abono semanalmente. Yo utilizo uno líquido (Compo Guano fertilizante), pero existe también un abono granulado que dura un par de meses, útil para quien no tiene tiempo o memoria para cuidar las plantas con frecuencia. Para que luzcan bonitas hay que ir retirando las flores que se van secando. Antes de plantarlas es un buen momento para remover bien la tierra y añadir nueva en caso de que haga mucho tiempo que la tengamos. Un puñadito de humus contribuye al buen asentamiento de las nuevas plantas.

Hay petunias con flores blancas, como las que compré, rosas, moradas e incluso jaspeadas en dos tonos. Personalmente me gusta unificar en un solo color. El Kalanchoe es otra opción para plantar ahora por su resistencia. Existe también con la flor en diferentes tonalidades (amarillo, naranja, rojo, rosa, blanco) y cuando cae la flor queda una planta de hojas verdes grandes y resistentes. Su punto débil es el riego, el exceso de agua la mata. Aunque la petunia me parece más delicada, hay que considerar especies más fuertes que puedan resistir el calor y nuestras ausencias de cara al verano.

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