El pasado miércoles en la librería Excellence de Barcelona (su nueva sede está en la calle Balmes,191) tuve la oportunidad de compartir con un grupo de personas nuestras experiencias del hogar. A pesar de que justo en el momento del inicio de la charla cayó un buen chaparrón en la sala de conferencias, el ambiente era cálido y agradable. Gracias a todos los que vinisteis desafiando las inclemencias de esta primavera.

Me gustaría resaltar el aspecto de la tertulia que provocó más intervenciones: el orden. Expresé que orden y limpieza suelen ir de la mano aunque no siempre es así. Como señaló María: “me considero limpia pero ordenar un armario me supera”. También hubo opiniones encontradas sobre que va primero, el orden o la limpieza. Vayamos al orden. Matilde pregunta: “¿el orden es algo innato en la persona, se aprende, se hereda…?”. Y aparecen voces diversas. Víctor dice que es algo innato; Bego ha aprendido a ordenar; Alba y Mercedes coinciden en que al casarse y tener que ser ellas las que tenían que hacerse cargo de su propia casa sorprendieron a sus familias demostrando que también eran personas ordenadas; mis hijas adolescentes señalan que no se ven en un futuro siendo ordenadas (glups!); una persona del público dice que el desorden es fruto de una mente revuelta. Nana sale en defensa de las teenagers y dice que cuando uno es muy inteligente es capaz de moverse perfectamnte entre el caos.

Comentamos que hay personas ordenadas y desordenadas y que las primeras pueden “reconvertir” a las segundas para que disfruten de los beneficios del orden. El orden de los armarios preocupa. Aconsejo una revisión constante que impida acumular cosas innecesarias o en desuso. Creo en el trabajo cotidiano en plan hormiguita. Es decir, soy más partidaria de ir manteniendo cada día las cosas en sus sitio que de poner un día la casa patas arriba para reordenarla. Por como asentían creo que Àngels y Mª Luz son de la misma cuerda: vivimos a diario nuestras casas pero también reequilibramos su orden al final de la jornada.

Conozco en Excellence a Joan y Núria, una pareja joven, que busca fórmulas para ser eficaces y disfrutar del trabajo doméstico. Eso es estupendo porque el entusiasmo que ponemos en el cuidado de nuestras casas les confiere un sello, el de hogar, el de nido, refugio o templo -como señaló un señor del público-.

Y dos personas compartieron dos trucos domésticos que tienen en común el congelador. Uno: meter en una bolsa de plástico la ropa de lino una vez lavada. Se plancha mucho mejor. Dos: si te aprieta un zapato de piel mételo en el congelador y después pruébatelo con un calcetín grueso. Por lo visto, funciona. Es cuestión de probarlo.

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