Cuando se impone el buen tiempo llega un determinado día en que nos entra un sofocón tremendo si vemos mantas por el sofá o alfombras en el suelo. Nos dan más calor. El ciclo de la casa nos lleva ahora a retirar varias cosas. Y de paso aprovechamos para hacer limpiezas más a fondo. La calefacción del invierno y las prendas de abrigo hacen que se formen bolas de pelusa que recogemos con el aspirador. Pero si retiramos el sofá o un mueble descubrimos con asombro cómo esas bolas se han llegado a esconder por ahí abajo. Como ya os he comentado en otras ocasiones, el aspirador es mi gran aliado en materia de limpieza.

Me sirve para pasar bien el suelo. Al cambiarle la boquilla del suelo por una que consite en un pequeño cepillo o en una pieza larga y fina, lo utilizo para repasar toda la tapicería, levantar bien los cojines y repasar todos los contornos del sofá. Es increíble hasta dónde llegan algunas migas, lápices y pequeños objetos. Después de un concienzudo repaso con el aspirador suelo pasar una bayeta mojada en agua caliente con una gotas de amocíaco perfumado por todo el sofá. Si percibo alguna zona más sucia la froto un poco más fuerte. El agua delata que aunque parecía limpio no lo estaba. Ese día dejo el salón bien ventilado unas horas para que se sequen los sofás.

Con las alfombras empleo el mismo método. Algunos años he utilizado el servicio de una empresa que funciona bien: http://www.klinet.es/. Te recogen la alfombra y después del verano te la traen limpia. Tiene la ventaja de que la guardan ellos y de que las tarifas son moderadas. Algunas alfombras con ribete ancho de piel no quedan bien porque al estar tanto tiempo enrrolladas es difícil que vuelvan a quedar bien lisas.

Con los sofás nuevos ocurre como con el parquet nuevo. La primera mancha te duele en el alma, los primeros pies con zapatos te desesperan, un niño con un vaso de Colacao en la mano te inquieta, etc. El criterio es siempre solucionar el tema cuanto antes. Hace unos años cuando estrenamos los sofás, una de mis hijas y una amiga se sentaron allí para estudiar. Un boli sin capuchón dejó un considerable cerco de tinta. ¡Qué disgusto!, pero qué necesario para curtirnos de cara a los siguientes incidentes. El que inaugura es el terrible, el que “profana” lo nuevo. La mancha de tinta la eliminé impregnando un trapo con leche hirviendo. Uno de mis sueños domésticos es tener unos maravillosos sofás blancos. Creo que me conviene seguir soñando unos años.

Enlace realcionado: Cambio de cortinas

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