Cuando estás en casa y diariamente limpias y repasas las cosas, no hay cambio que se te escape. Esa mirada escrupulosa es una espada de doble filo. Por un lado, analicemos la parte positiva. Esa observación cotidiana hace que te percates de las cosas que se deterioran, que están rotas o a punto de romperse. Entonces, te haces el propósito de ponerte manos a la obra y solucionar el tema. Por otro lado, la vertiente negativa de este escrutamiento “CSI” es que generas una especie de temor entre los tuyos que les lleva a evitarte en determinadas circunstancias.

Hace poco nuestra hija mayor se quedó en casa con una amiga un fin de semana que el resto de la familia estábamos fuera. Me llamó y lo primero que me dijo fue “no te enfades”. Me temía algo gordo. Entonces me relató que al salir con prisas de casa había puesto el pasador de la puerta hacia fuera y al cerrar la puerta -me imagino que con un ímpetu Hulk- lo rompió. Al oír de que se trataba me relajé y le dije que no pasaba nada. Pero al instante pensé en cómo habría quedado la puerta. “¿Puedes ir a mirar la puerta y decirme cómo ha quedado?”. Sin duda, a ella no se le había ocurrido que el accidente doméstico podía tener más consecuencias. Volvió al teléfono y me dijo “bueno, hay un golpe pero no se nota mucho”. La puerta de entrada tiene una hendidura que hemos disimulado con reparador.

Esos pequeños incidentes que ocurren casi a diario requieren una solución rápida porque, si no, es muy fácil entrar en una espiral que lleva al deterioro y a la decadencia de nuestras viviendas. Ejemplos: salta el esmalte del bajo de una puerta, mano sucia en la pared, mancha de chocolate en el sofá, bebida vertida en la alfombra, zócalo de una pared despegado….Como os comentaba en Cuando empiezan a fundirse las bombillas hay que actuar con celeridad. Por cierto, en los útimos días las bombillas del techo de la cocina están generando un ambiente disco total. Cada día parpadea una nueva. Para estos asuntos las casas siempre tienen a alguien más dotado para pequeños trabajillos. Y sino es cuestión de ilusionarse y verse como un manitas del bricolaje. Estos días me he dedicado a reparar con silicona las juntas de la ducha y del silestone de la cocina. Ya sé que no es complicado pero estoy contenta de haberlo hecho y más del resultado.

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