El otro día salí de casa en busca de una solución para la magia de mi marido. Sí, magia. Os explico. Todo empezó hace un par de años cuando el peque de la casa tenía tres años. Cuando mi marido llegaba a casa por la noche y él aún estaba despierto le llamaba. Entonces el papá le decía: “¿Cuáles son las palabras mágicas?” Y él contestaba :”Jamalají, jamalajá, algo interesante del bolsillo de papi saldrá”. Con este juego hemos acumulado un verdadero arsenal de objetos mágicos. No importa que Nicolás sepa que la magia se nutre de una bolsa que su padre tiene escondida en su armario. La sigue reclamando. Ultimamente no sabía dónde meter dentaduras, narices con gafas, fundas para dedos, ojos, calaveras y demás objetos. Compré en una tienda (Tengo idea) una caja con seis compartimentos donde la magia luce ordenada. Gracias a este recipiente se ha salvado de desaparecer “magicamente”. Materia en la que soy una experta.

Cuando voy a Ikea siempre acabo comprando alguna caja práctica y bonita. Hay unas muy útiles con velcro y una cara transparente para guardar zapatos. También para guardar fotos. En la zona infantil adquirí unas pequeñas cajas de plástico de colores diferentes para pequeños objetos como cromos, canicas o pins. El otro día repasando mentalmente la casa comprobé que tenemos un montón de cajas. Y que si las juntáramos todas montaríamos una torre que podría competir en altura con algunas famosas en el mundo por su altura.

Hay cajas para guardar tarjetas de visita, para agrupar clips y gomas de pelo, para ordenar la bisutería, para almacenar animalitos de plástico, para agrupar CDs, para las medicinas, para los adornos de Navidad, para los recuerdos importantes, para…mil cosas, sin contar las cajas grandes transparentes para la ropa, los disfraces o los vestidos de la Primera Comunión. Observo que tengo tendencia a agrupar cosas del mismo género en busca de orden. La variedad de modelos que hoy en día se pueden encontrar fomenta que a veces compre la caja y después piense en cómo llenarla. Algunas quedan placidamente colocadas en un armario o en un estante y, al cabo del tiempo, se convierten en una caja de sorpresas.

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