La dieta anti-cáncer es verde como la col o el brócoli; blanca como el ajo, la cebolla o el puerro; naranja como la zanahoria, la calabaza, el albaricoque o la mandarina; roja como la fresa, la granada o el tomate; amarilla como el limón o el plátano. Tiene brillo como el pescado o el aceite de oliva. Perfuma como el romero, la albahaca, el tomillo o el orégano. Es intensa como el té, el cacao o los rayos solares y su vitamina D tomados con precaución. Es, por tanto, una dieta que estimula los sentidos y que viene de la tierra. Los productos son sencillos y asequibles. Es fácil de hacer -mejor cocinar al vapor, en wok o a  la plancha- y es un regalo para nuestro organismo.

Si valoramos nuestro hogar como el entorno que nos da seguridad y calidad de vida, cuidaremos nuestra alimentación y la de nuestra familia. A ese mimo en las comidas hay que añadirle otros ingredientes que completan la salud de las personas. Servan-Schreiber enumera en Anti cáncer cuatro factores para estar en armonía con uno mismo: “desintoxicación de sustancias carcinogénicas, alimentación anticáncer, adecuada actividad física y búsqueda de la paz emocional”. Nuestras casas pueden contribuir a esa estabilidad proporcionándonos una buena alimentación y un espacio para la individualidad y el descanso.

Hemos hablado de qué alimentos fomentan que nuestro organismo se acorace frente a la enfermedad. Hablemos ahora de los alimentos que ayudan a que nuestro cuerpo reproduzca procesos nocivos. En este capítulo se incluye los alimentos con alto índice glucémico como el azúcar o las harinas blancas, los productos lácteos convencionales -la alternativa son los orgánicos o de soja-, los fritos, la carne roja no orgánica o la piel de ave.

Desde hace dos décadas la psiconeuroinmunología es el campo científico que estudia la relación entre factores psicológicos y la actividad del sistema inmunitario. El estrés es un enemigo para nuestra salud. Si a los tratamientos convencionales les sumamos estilos de vida saludables parece razonable que todo irá mejor. No estamos hablando de nada extraordinario o, quizá, sí: nos hemos acostumbrado a vivir de una forma tremendamente irracional. Pero estamos a tiempo de escoger hacerlo mejor. Mi amiga Bego lo ha hecho. Aquí tenéis su testimonio: http://slooping.net/escucha-a-tu-cuerpo-2#comments

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